Posteado por: physis | 10/04/2009

¿Podrán aceptar los austriacos unos recursos energéticos limitados?

George Reisman, en su famoso libro A Treatise On Economics considera como premisa básica la finitud de los recursos naturales, pero a efectos prácticos su ilimitada disponibilidad dada su abundancia (Páginas 63-67). Un presupuesto propio no sólo de él, sino de la inmensa mayoría de los economistas, que parecen no haber descubierto todavía que la tierra es esférica y no plana. En el artículo de Reisman Minería para el próximo millón de años (traducido por Mariano Bas Uribe en liberalismo.org) se encuentra un resumen de esta idea:

Llevo muchos años señalando que toda la masa de la Tierra, desde los límites superiores de la atmósfera a 4.000 millas hasta su centro, no consiste en otra cosa que elementos químicos sólidamente compactos. No hay un solo centímetro cúbico en cualquier lugar de la masa terráquea que no sea un elemento químico u otro, o alguna combinación de ellos. He dicho que ésta es la contribución de la naturaleza a la oferta de recursos naturales, junto con todas las enormes cantidades de energía que conlleva, desde la contenida en los combustibles fósiles, el uranio, el viento, el agua y el núcleo terráqueo hasta la que hay en tormentas y electricidad estática.

Qué parte de esta inmensa cantidad de materia y energía puede transformarse en la categoría más restringida de los recursos naturales que sean económicamente utilizables y accesibles por el hombre, depende del estado de la ciencia, de la tecnología y de la oferta de equipos de capital. En otras palabras, depende del grado de conocimiento humano de la naturaleza y de su poder físico sobre ella. A medida que el hombre aumenta su conocimiento y poder, incrementa la parte de la naturaleza que resulta económicamente utilizable, los recursos naturales accesibles. En el proceso, transforma en bienes económicos y riqueza lo que hasta entonces eran simplemente cosas que había en la naturaleza.

También hemos apuntado siempre que hasta ahora nuestro poder sobre la naturaleza (nuestra capacidad de establecer realmente sus contenidos y dirigirlos hacia la satisfacción de nuestras necesidades) se ha medido en profundidades de pies en lugar de en millas y que se ha limitado a sólo en torno a un 30% de la superficie terrestre del planeta. La consecuencia lógica es que aún estamos muy al principio de nuestra capacidad de extraer económicamente de la naturaleza recursos naturales utilizables.

Aún pudiendo aceptar el resto de la teoria económica que contiene el libro, y sin entrar a considerar los límites de la minería no relacionada con la energía, está claro que la sociedad tal como la conocemos necesita de un sustrato energético para su continuo crecimiento y expansión y, en consecuencia, de una constante ampliación de la minería de recursos no renovables como el petróleo, el gas, el carbón y el uranio. Es decir, se necesita de una permanente incorporación de nuevos volúmenes de materias primas que proporcionen no sólo las fuentes primarias de energía demandadas por el mercado, sino que venzán además la inercia inherente al agotamiento de unos recursos que no son renovables.

En efecto, así se observa en estos gráficos por lo que respecta a EEUU (Fuente: Institute for Energy Research)

Sobre este gráfico cabe una observación importante. Hasta 1983 se da un gran paralelismo entre el aumento de consumo de petróleo y el PIB (GDP en inglés), pero a partir de ese año la correlación desaparece, pudiendo parecer que cada vez se necesitan menos unidades de petróleo por unidad de de PIB gracias sobre todo a una mayor eficiencia energética. Pero esto es cierto sólo en parte. Aunque las dos crisis del petróleo provocaron la sustitución de fueloleo por uranio primero y por gas natural después en la generación eléctrica (más un constante incremento en el consumo de carbón hasta la llegada de la crisis actual), este descuadre es aparente y tiene más que ver con cambios en la contabilidad del PIB americano, como se puede observar en esta gráfica (Fuente: Shadowstats.com):

Distribución según fuente y consumo final, también en EEUU (Fuente: IER):

Por lo que respecta al PIB mundial y el consumo de petróleo también aparece una fuerte correlación en términos absolutos (Fuente: incrediblecharts.com):

Y también en términos relativos a los incrementos anuales (Fuente: peakoil.net):

Vamos entonces al aunto. La AIE ha aceptado por primera vez en su WEO 2008 la próxima llegada de un máximo mundial de producción de petróleo para el 2020:

Este es el enlace del artículo original de Monbiot, la noticia recogida por crisisenergetica.org y la traducción de la entrevista al español en cenit-del-petroleo.com.

Hay por tanto un claro acercamiento a las posiciones de M. King Hubbert, y sobre todo al aparato matemático aplicado a la minería de recursos no renovables y sus curvas de extracción (1, 2 y 3). Y de hecho podemos aceptar por válidas las aproximaciones de ASPO y las de Chris Skrebowski.

Aceptado el peak oil, ¿qué sucede con el resto de materias primas energéticas? Pues algo parecido: peak gas, peak uranium y peak coal como se puede observar en las siguientes imágenes. Observación: los datos que reflejan las gráficas no parecen estar tan contrastados como los del petróleo, pero aún con los márgenes de error que les correspondan, siguen siendo válidos para mostrar cómo las curvas mundiales de extracción alcanzan un máximo en algún momento seguido posteriormente de un irreversible declive.

Gas (Fuente: ASPO):

Uranio: (Fuente: theoildrum.com)

Nota: el desfase que se observa en la gráfica superior entre minería y consumo viene cubierto por los acuerdos ruso-americano de desmantelamiento de cabezas nucleares, y que ha llegado a entregar al mercado en algunos momentos hasta el 50% de sus necesidades.

Carbón: (Fuente: theoildrum.com)

Por lo que respecta a la alimentación, el incremento mundial de granos va irreversiblemente ligado al incremento mundial de consumo de fertilizantes (Fuente: GRID-Arendal),

y es evidente que el declive mundial de la producción de petróleo comprometerá seriamente la disponibilidad global de alimentos, tal como se comenta en el artículo de Dale Allen Pfeiffer comiendo combustibles fósiles, y en su libro homólogo Eating Fossil Fuels. Porque aún en el caso de poder mantener una meseta en el consumo mundial de fertilizantes, el aumento de población comporta la disminución global en una hipotética ratio de kilogramos de alimento por persona (Fuente: GRID-Arendal)

Por otro lado, el fósforo es también un recurso no renovable, muy concentrado geográficamente, procedente de minería e insustituible para la alimentación. Y aunque no depende directamente del petróleo, su producción también está sujeta a un máximo mundial y posterior declive, como se puede observar en la gráfica adjunta (Fuente: canariasantelacrisisenergetica.org):

Constreñidos como estamos por esta insoportable finitud, va siendo hora de que los economistas comprometan sus conocimientos para gestionar lo que mejor saben, en teoría: la escasez. Desgraciadamente, las corrientes económicas actuales beben de un keynesianismo que empuja de forma permanente a los gobiernos a un creciente déficit y a la banca a una expansión monetaria donde el techo parece ser el cielo. Como si la escasez pudiera quedar domesticada con la emisión de cada vez mayores cantidades de medios fiduciarios. Las dos premisas anteriores son en parte lo que nos ha llevado a la actual crisis y están poniendo contra las cuerdas al sistema monetario gobernado por el dólar. Todavía no hemos visto cómo vamos a salir del túnel en que nos han metido, pero aunque se consiga cuesta imaginar cómo van a quedar las economías nacionales a continuación.

La única escuela que parece capaz de contener tanto el gasto público como la expansión de la deuda es la austriaca, fundamentalmete por la discplina que impone en su defensa de los metales monetarios (oro y plata) y la banca con reserva del 100%. Dos pilares que serían fundamentales para ordenar el consumo de recursos no ya escasos, sino sobre todo menguantes. Pero ellos mismos parecen adolecer de ese defecto común a todo el espectro económico cuando imaginan nuevos y utópicos logros técnicos o recursos energéticos infinitos. Los austriacos, si aceptaran la realidad, podrían adaptar sus principios a un nuevo contexto donde el consumo de bienes y servicios va a tener que adaptarse a menores formas con el mejor orden que sea posible.

A su favor tienen que la misma producción mundial de oro parace haber alcanzado también su cenit en 2001. De forma que ligando la emisión monetaria a un recurso líquido, pero también en declive, se podrían ajustar las estructuras de producción con la disponibilidad de los recursos (Fuente: World Gold Council).

Como colofón, esta gráfica donde se muestra la correlación entre el incremento de consumo de petróleo y el PIB mundial, y los posibles escenarios económicos una vez se ha pasado el cenit.

Y sin crecimiento económico será imposible no sólo honrar la totalidad de la deuda,

sino que buena parte de los activos que la sustentan podrían perder gran parte de su valor (Fuente: The Big Picture).

Así que en un sistema monetario donde el dinero es generado mediante deuda, la deflación ‘post peak’ está garantizada y además durante muchos años. (Fuente: scottishmonetaryreform.org.uk)

Urge en consecuencia una reforma del sistema monetario.

Joaquín Ferrer

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