Posteado por: physis | 09/09/2009

Antal Fekete: el último contango en Washington

Antal Fekete es profesor emérito de la Memorial University de Newfoundland (04/06/06)
Cuando una plata cadáver se menea, los doctores del dinero huyen despavoridos.
Personas de todo el mundo me están preguntando cuáles son las advertencias adelantadas que se deben buscar para prevenir el colapso de nuestro sistema monetario, basado como está en unas inconvertibles promesas de pago. Mi respuesta de forma invariable es: “observa el último contango en la plata”.
Lleva un poco de tiempo explicar qué significa este mensaje tan críptico. El contango es la condición por la que los precios futuros más lejanos tienen una prima en el precio sobre los más próximos. Lo opuesto es lo que se llama backwardation, que es cuando los precios más próximos tienen una prima y los más lejanos un descuento. Cuando el contango cede el paso al backwardation en todos los márgenes de los contratos [contract spread], y nunca más se revierte esta situación, estamos entonces ante la prueba más evidente de que nunca más va a existir plata para entregar a cambio de dinero. La personas que conozcan esta información se habrán apresurado a comprar rápidamente, anticipándose a una inminente crisis monetaria.
Este “último contango” no significa que el suministro disponible en el futuro de plata monetaria haya sido “consumida” por las aplicaciones industriales presentes, como pregonan los animadores de las turbas que se quieren hacer ricas cuanto antes mejor. Este asunto está en desacuerdo con el hecho de que la plata ha sido siempre, y todavía lo es, un metal monetario. Todavía existen enormes almacenamientos de plata monetaria, pero no están visibles ni disponibles porque sus actuales propietarios, por razones obvias, quieren permanecer en el anonimato. “El último contango” es la fase final del forcejeo entre los doctores del dinero y “nosotros, el pueblo” [“We, the People”]. Los doctores exiliaron la plata del sistema bancario hacia el mercado de futuros con la esperenza de que ésta quedara anegada por un océano de papel. Pero el cadáver de la plata todavía se menea. La gente está retirando cada vez más lingotes de plata en efectivo de los almacenes del Comex. Así que los doctores del dinero huyen corriendo despavoridos. Si los contratos futuros en plata son insostenibles y terminan incumpliéndose [end in default], entonces quedará al descubierto la debilidad de toda esta pirámide de cartas contruida sobre unas promesas de pago inconvertibles. Una vez suceda el último contango en Washington, los doctores del dinero (dirigidos por Ben el Helicóptero) seguirán el ejemplo de un aventurero escocés llamado John Law de Lauriston. Tuvo que huir de París a toda prisa disfrazado. Si, disfrazado de mujer.
No maten a la gallina de los huevos de plata
Mi principal argumento para justificar la afirmación de que el grueso de la plata monetaria no ha sido consumido es que la plata, igual que el oro, es mucho más útil en las aplicaciones monetarias que en las industriales. Y me apresuro a decir que esto sucede sólo en el supuesto de que usted sepa qué es un metal monetario y además sepa también cómo hacer que le produzca un beneficio. Hay que admitir que muy poca gente conoce esto y aún menos gente quiere compartir su conocimiento con los demás. No obstante, las aplicaciones monetarias de la plata son reales. Las aplicaciones industriales han matado a la gallina de los huevos de plata. Debemos recordar también que el consumo de plata es un concepto relativo. En Newfoundland circularon hasta 1949 unas piezas diminutas de plata, con la mitad del peso de una moneda de 10 céntimos y con el valor facial de 5 céntimos. Después de que el país fue absorbido por Canadá, estas piezas pasaron a quedar ensartadas en una cadena para formar brazaletes y collares. Se puede decir, por supuesto, que los orfebres habían “consumido” plata, pero es claro que estas mismas piezas podrían volver a circular de la noche a la mañana si las circunstancias lo volvieran a requerir. Aunque puede haber un gran componente de trabajo en las vajillas y cuberterías, éste es relativo con respecto al precio de la plata. Pues si el precio se incrementa lo suficiente el trabajo del orfebre puede llegar a carecer completamente de importancia. Apenas queda alguna forma de consumo de plata cuyo producto no pueda ser reciclado hacia la forma monetaria con un precio de la plata lo suficientemente alto.
El helicóptero y la guillotina en ayuda de la política monetaria
No es este el lugar para refutar las falacias keynesianas y friedmanitas. Basta con decir que el helicóptero es un dudoso activo en las manos de un presidente de la Reserva Federal ansioso (como de hecho lo está) por poner de forma instantanea más billetes recién impresos del tipo “yo no te debo nada” en manos del público. Por el lado del pasivo el presidente no tiene el beneficio de otro gran invento rápidamente disponible para los administradores del assignat: la guillotina. Como es sabido, durante la Revolución Francesa la guillotina se empleó con éxito, entre otras cosas, para taponar el precio del oro. Demasiado para la tecnología punta. Pero por el lado de la baja tecnología no se ha aprendido absolutamente nada por lo que respecta a la ciencia monetaria durante los últimos 200 años para poder justificar la reclamación de que los doctores del dinero puedan de forma indefinida seducir a la gente para que entregue servicios y bienes reales a cambio de promesas de pago imposibles de canjear. La sentencia de Lincoln todavía es válida: se puede engañar a algunas personas todo el tiempo, incluso se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, pero es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Dinero no es lo que dice el gobierno, sino lo que el marcado considera que lo es. El oro y la plata han sido desmonetizados por el gobierno mediante engaños y argucias: la plata en 1870 y el oro un siglo después en 1970. Los mercados nunca han ratificado esas medidas del gobierno, y presumiblemente nunca lo harán a la vista del récord de desastrosas consecuencias de las monedas fiduciarias. Son testigos de ello el helicóptero y la guillotina, la zanahoria y el palo de la poítica monetaria.
Las bases, el secreto mejor guardado de la economía
¿Cuántos ejecutivos de las empresas mineras de oro están familiarizados con el concepto de las bases? Quizá uno de cada diez. Y ¿cuántos emplean ese conocimiento de forma efectiva en la comercialización de su oro? Puede ser que uno de cada cien. No pretenda buscar ninguna explicación sobre las bases en un capítulo del libro de Samuelson Economics, porque no existe. Tampoco pretenda encontrarlo en el Human Action de Mises, pues tampoco existe. Si quiere aprender qué es, deberá buscarlo en oscuros manuales sobre el comercio del grano, elaborados por los profesionales del sector para su propio beneficio. Hasta donde yo conozco, ningún economista ha escrito nunca sobre ello para que se pudieran beneficiar los profanos.
Las bases reciben su nombre de servir como la herramienta más básica para negociar y ser el instrumento de precisión de las operaciones del almacenista de grano. Este profesional no se guía por el precio y sus variaciones a la hora de comprar y vender grano. Se guía por las bases y sus variaciones. Él está siempre listo para comprar y vender las 24 horas del día y los 7 días de la semana. Si le despiertas a media noche con una oferta no te preguntará por tu precio, sino por tus bases. Si le gusta la oferta entonces habrá trato con independencia del precio. Los compradores y vendedores profesionales de grano no preguntan por el precio de la mercancía según la oferta y la demanda, pues para ellos no tiene utilidad alguna. Ellos preguntan por la oferta y demanda de las bases.
Recuerden que se entiende por bases el diferencial entre el precio futuro más próximo y el precio al contado. El almacenista de grano compra grano al contado durante la recolección para poder llenar sus almacenes hasta que desborden. Lo que el intenta siempre es comprar grano al contado con las bases lo más amplias posibles (conocido como gasto de mantenimiento), para poder venderlo después cuando las bases se han estrechado más. Donde encuentra su beneficio es justo cuando las bases se hunden. ¿Cuál es la explicación de esta peculiaridad? Cuando el almacenista de grano compra grano al contado, está vendiendo al mismo tiempo una cantidad equivalente en el mercado de futuros. Debe proteger su inventario, porque si no lo hace su capacidad de almacenamiento es tan grande que cualquier mínimo fallo en el precio del grano liquidaría todo su capital.
Mientras se realiza la cosecha las bases van cayendo según van menguando los inventarios. El almacenista de grano intenta vender grano al contado con las bases lo más bajas posibles, porque espera reemplazarlo con unas bases más amplias cuando esté disponible la nueva cosecha. No hace falta decir que al mismo tiempo que está vendiendo el grano en efectivo va levantando sus coberturas. Es decir, recompra sus contratos de entrega de grano en el futuro. Repito que desde el punto de vista de la rentabilidad no importan los precios a los que está comprando y vendiendo el grano. La única cosa que importa es la variación de las bases. Algunas veces puede comprar grano caro y vederlo aún con beneficio con un precio menor. ¿Cómo puede huir de la pérdida con este truco? Porque ha anticipado correctamente que las bases se hundirán más rápidamente de lo que se hunde el precio. Él ya esta al corriente de que no puede predecir la variación del precio, pues es algo que está a merced de la naturaleza. Pero sí que puede adivinar la variación de las bases, que es algo que depende de la naturaleza humana, mucho más predecible.
Racionando el espacio de almacenamiento
Además de las bases, también ayuda al almacenista decidir qué tipo de grano comprará al contado para almacenar. Permaneciendo igual todo lo demás, comprará el grano con las bases más altas y venderá el grano con las bases más bajas. De esta forma puede maximizar el beneficio derivado de la caída de las bases de ambos tipos de grano. Si las bases son más altas pra el trigo que para el maíz, entonces preferirá comprar trigo al contado en vez de maíz hasta que se puedan cazar bases más amplias. O supongamos que aparece la noticia de que el maíz ha quedado azotado por una plaga en algunas zonas de cultivo. El almacenista astuto responderá acelerando sus vantas de trigo para ampliar su capacidad de almacenamiento de maíz.
El mejor modo de pensar en el negocio del almacenista es comprender que está haciendo un servicio de almacenamiento, incluyendo el racionamiento del espacio para almacenar entre diferentes usos competitivos. Su guía son las bases. Unas bases altas o su subida le informan a qué debe dedicar con más urgencia su limitada capacidad de almacenamiento. Unas bases bajas o su bajada le informan a qué propósito la demanda flojea y los agricutores preferirán otras soluciones para su almacenamiento de grano, como por ejemplo mantener sus suministros más cerca de casa, como sucede a menudo en épocas difíciles. Y aquí incluímos a los que cavan agujaros en su propio jardín.
La indiosincracia de las bases con respecto a las materias primas monetarias, como realmente pueden enterrarse en agujeros, son bastante diferentes con respecto a las materias primas no monetarias, que no pueden. Este será el asunto de la última entrega de esta serie de tres partes sobre las bases.

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Antal Fekete es profesor emérito de la Memorial University de Newfoundland (04/06/06)

Enlace original al artículo: The Last Contango In Washington

Vídeo: Conferencia del profesor Antal Fekete “La importancia del oro como activo monetario” en el Gold&Silver Meeting de Madrid. Fuente: Instituto Juan de Mariana.

Artículo

Cuando una plata cadáver se menea, los doctores del dinero huyen despavoridos

Personas de todo el mundo me están preguntando cuáles son las advertencias adelantadas que se deben buscar para prevenir el colapso de nuestro sistema monetario, basado como está en unas inconvertibles promesas de pago. Mi respuesta de forma invariable es: “observa el último contango en la plata”.

Lleva un poco de tiempo explicar qué significa este mensaje tan críptico. El contango es la condición por la que los precios futuros más lejanos tienen una prima en el precio sobre los más próximos. Lo opuesto es lo que se llama backwardation, que es cuando los precios más próximos tienen una prima y los más lejanos un descuento. Cuando el contango cede el paso al backwardation en todos los márgenes de los contratos [contract spread], y nunca más se revierte esta situación, estamos entonces ante la prueba más evidente de que nunca más va a existir plata para entregar a cambio de dinero. La personas que conozcan esta información se habrán apresurado a comprar rápidamente, anticipándose a una inminente crisis monetaria.

Este “último contango” no significa que el suministro disponible en el futuro de plata monetaria haya sido “consumida” por las aplicaciones industriales presentes, como pregonan los animadores de las turbas que se quieren hacer ricas cuanto antes mejor. Este asunto está en desacuerdo con el hecho de que la plata ha sido siempre, y todavía lo es, un metal monetario. Todavía existen enormes almacenamientos de plata monetaria, pero no están visibles ni disponibles porque sus actuales propietarios, por razones obvias, quieren permanecer en el anonimato. “El último contango” es la fase final del forcejeo entre los doctores del dinero y “nosotros, el pueblo” [“We, the People”]. Los doctores exiliaron la plata del sistema bancario hacia el mercado de futuros con la esperanza de que ésta quedara anegada por un océano de papel. Pero el cadáver de la plata todavía se menea. La gente está retirando cada vez más lingotes de plata en efectivo de los almacenes del Comex. Así que los doctores del dinero huyen corriendo despavoridos. Si los contratos futuros en plata son insostenibles y terminan incumpliéndose [end in default], entonces quedará al descubierto la debilidad de toda esta pirámide de cartas construida sobre unas promesas de pago inconvertibles. Una vez suceda el último contango en Washington, los doctores del dinero (dirigidos por Ben el Helicóptero) seguirán el ejemplo de un aventurero escocés llamado John Law de Lauriston. Tuvo que huir de París a toda prisa disfrazado. Si, disfrazado de mujer.

No maten a la gallina de los huevos de plata

Mi principal argumento para justificar la afirmación de que el grueso de la plata monetaria no ha sido consumido es que la plata, igual que el oro, es mucho más útil en las aplicaciones monetarias que en las industriales. Y me apresuro a decir que esto sucede sólo en el supuesto de que usted sepa qué es un metal monetario y además sepa también cómo hacer que le produzca un beneficio. Hay que admitir que muy poca gente conoce esto y aún menos gente quiere compartir su conocimiento con los demás. No obstante, las aplicaciones monetarias de la plata son reales. Las aplicaciones industriales han matado a la gallina de los huevos de plata. Debemos recordar también que el consumo de plata es un concepto relativo. En Newfoundland circularon hasta 1949 unas piezas diminutas de plata, con la mitad del peso de una moneda de 10 céntimos y con un valor facial de 5 céntimos. Después de ser absorbido por Canadá, estas piezas pasaron a quedar ensartadas en una cadena para formar brazaletes y collares. Se puede decir, por supuesto, que los orfebres habían “consumido” plata, pero está claro que estas mismas piezas podrían volver a circular de la noche a la mañana si las circunstancias lo volvieran a requerir. Aunque puede haber un gran componente de trabajo en las vajillas y cuberterías, éste es relativo con respecto al precio de la plata. Pues si el precio se incrementa lo suficiente, el trabajo del orfebre puede llegar a carecer completamente de importancia. Apenas queda alguna forma de consumo de plata cuyo producto no pueda ser reciclado hacia la forma monetaria con un precio de la plata lo suficientemente alto.

El helicóptero y la guillotina en ayuda de la política monetaria

No es este el lugar para refutar las falacias keynesianas y friedmanitas. Basta con decir que el helicóptero es un dudoso activo en las manos de un presidente de la Reserva Federal ansioso (como de hecho lo está) por poner de forma instantanea más billetes recién impresos del tipo “yo no te debo nada” [I-owe-you-nothing] en manos del público. Por el lado del pasivo el presidente no tiene el beneficio de otro gran invento rápidamente disponible para los administradores del assignat: la guillotina. Como es sabido, durante la Revolución Francesa la guillotina se empleó con éxito, entre otras cosas, para taponar el precio del oro. Demasiado para la tecnología punta. Pero por el lado de la baja tecnología no se ha aprendido absolutamente nada por lo que respecta a la ciencia monetaria durante los últimos 200 años para poder justificar que los doctores del dinero puedan de forma indefinida seducir a la gente para que entregue servicios y bienes reales a cambio de promesas de pago imposibles de canjear. La sentencia de Lincoln todavía es válida: se puede engañar a algunas personas todo el tiempo, incluso se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, pero es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Dinero no es lo que dice el gobierno, sino lo que el mercado considera que lo es. El oro y la plata han sido desmonetizados por el gobierno mediante engaños y argucias: la plata en 1870 y el oro un siglo después en 1970. Los mercados nunca han ratificado esas medidas del gobierno, y presumiblemente nunca lo harán a la vista del récord de desastrosas consecuencias que acumulan las monedas fiduciarias. Son testigos de ello el helicóptero y la guillotina, la zanahoria y el palo de la política monetaria.

Las bases, el secreto mejor guardado de la economía

¿Cuántos ejecutivos de las empresas mineras de oro están familiarizados con el concepto de las bases? Quizá uno de cada diez. Y ¿cuántos emplean ese conocimiento de forma efectiva en la comercialización de su oro? Puede ser que uno de cada cien. No pretenda buscar ninguna explicación sobre las bases en un capítulo del libro de Samuelson Economics, porque no existe. Tampoco pretenda encontrarlo en el Human Action de Mises, pues tampoco existe. Si quiere aprender qué es, deberá buscarlo en oscuros manuales sobre el comercio de grano, elaborados por los profesionales del sector para su propio beneficio. Hasta donde yo conozco, ningún economista ha escrito nunca sobre ello para que se pudieran beneficiar los profanos.

Las bases reciben su nombre de servir como la herramienta más básica para negociar y ser el instrumento de precisión de las operaciones del almacenista de grano. Este profesional no se guía por el precio y sus variaciones a la hora de comprar y vender grano. Se guía por las bases y sus variaciones. Él está siempre listo para comprar y vender las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Si le despiertas a media noche con una oferta no te preguntará por tu precio, sino por tus bases. Si le gusta la oferta entonces habrá trato con independencia del precio. Los compradores y vendedores profesionales de grano no preguntan por el precio de la mercancía según la oferta y la demanda, pues para ellos no tiene utilidad alguna. Ellos preguntan por la oferta y demanda de las bases.

Recuerden que se entiende por bases el diferencial entre el precio futuro más próximo y el precio al contado. El almacenista de grano compra grano al contado durante la recolección para poder llenar sus almacenes hasta que desborden. Lo que el intenta siempre es comprar grano al contado con las bases lo más amplias posibles (conocido como gasto de mantenimiento), para poder venderlo después cuando las bases se han estrechado más. Donde encuentra su beneficio es justo cuando las bases se hunden. ¿Cuál es la explicación de esta peculiaridad? Cuando el almacenista de grano lo compra al contado, está vendiendo al mismo tiempo una cantidad equivalente en el mercado de futuros. Debe proteger su inventario, porque si no lo hace su capacidad de almacenamiento es tan grande que cualquier mínimo fallo en el precio del grano liquidaría todo su capital.

Mientras se realiza la cosecha, las bases van cayendo según van menguando los inventarios. El almacenista de grano intenta vender grano al contado con las bases lo más bajas posibles, porque espera reemplazarlo con unas bases más amplias cuando esté disponible la nueva cosecha. No hace falta decir que al mismo tiempo que está vendiendo el grano en efectivo va levantando sus coberturas. Es decir, recompra sus contratos de entrega de grano en el futuro. Repito que desde el punto de vista de la rentabilidad no importan los precios a los que está comprando y vendiendo el grano. La única cosa que importa es la variación de las bases. Algunas veces puede comprar grano caro y vederlo aún con beneficio con un precio menor. ¿Cómo puede huir de la pérdida con este truco? Porque ha anticipado correctamente que las bases se hundirán más rápidamente de lo que se hunde el precio. Él ya esta al corriente de que no puede predecir la variación del precio, pues es algo que está a merced de la naturaleza. Pero sí que puede adivinar la variación de las bases, que es algo que depende de la naturaleza humana, mucho más predecible.

Racionando el espacio de almacenamiento

Además de las bases, también ayuda al almacenista decidir qué tipo de grano comprará al contado para almacenar. Permaneciendo igual todo lo demás, comprará el grano con las bases más altas y venderá el grano con las bases más bajas. De esta forma puede maximizar el beneficio derivado de la caída de las bases de ambos tipos de grano. Si las bases son más altas para el trigo que para el maíz, entonces preferirá comprar trigo al contado en vez de maíz hasta que se puedan cazar bases más amplias. O supongamos que aparece la noticia de que el maíz ha quedado azotado por una plaga en algunas zonas de cultivo. El almacenista astuto responderá acelerando sus ventas de trigo para ampliar su capacidad de almacenamiento de maíz.

El mejor modo de pensar en el negocio del almacenista es comprender que está haciendo un servicio de almacenamiento, incluyendo el racionamiento del espacio para almacenar entre diferentes usos competitivos. Su guía son las bases. Unas bases altas o su subida le informan a qué debe dedicar con más urgencia su limitada capacidad de almacenamiento. Unas bases bajas o su bajada le informan de que la demanda flojea y en consecuencia los agricutores preferirán otras soluciones para su almacenamiento de grano, como por ejemplo mantener sus suministros más cerca de casa, que es lo que sucede a menudo en épocas difíciles. Y aquí incluímos a los que cavan agujeros en su propio jardín.

La peculiar de las bases en las materias primas monetarias es que realmente pueden enterrarse en agujeros, por eso son bastante diferentes con respecto a las materias primas no monetarias, que no pueden esconderse tan fácilmente. Este será el asunto de la última entrega de esta serie de tres partes sobre las bases.

Traducción por Joaquín Ferrer Benat

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