Posteado por: physis | 09/09/2009

Antal Fekete: ensayo general para el último contango

The Gold Standard Institute. Canberra, Australia.
Lunes, 24 de agosto de 2009
Ya he escrito anteriormente sobre “el último contango en Washington”. La frase cubre la crisis del oro que se ha estado gestando bajo la superficie en el mundo durante losúltimos 60 años debido a las alocadas políticas que ha hecho el Tesoro de EEUU sobre el oro. El resultado de esto ha sido que todo el oro extraído desde 1947 hasta el día de hoy equivale al oro extraído desde la primitiva minería hasta ese año. Además, todo ese nuevo oro está atesorado en manos privadas y va a ser prácticamete imposible convencerles para que lo suelten. La forma de medir esta desaparición del oro es la desaparición de las bases, o el último contango.
En la jerga técnica del mercado de futuros, las bases son el diferencial entre el precio futuro más próximo y el precio en efectivo en la misma localización. El mercado del oro ha sido siempre un mercado de cargar y llevar (un mercado en contango) debido a su estatuto monetario. Esto quiere decir que el diferencial ha reflejado siempre el coste de carga, el coste de oportunidad y el coste de transporte, algo conocido generalmente de antemano.
Pero se ha estado manifestando un extraño fenómeno en los últimos 35 años, desde el comienzo del mercado de futuros del oro. En vez de permanecer constante, las bases en cuanto porcentaje del tipo de interés se ha ido desvaneciendo paulatinamente y ahora ha caído hasta cero. Al mismo tiempo, el oro registrado en los almacenes aprobados por el Comex se ha ido extinguiendo. Ambos indicadores apuntan hacia un desabastecimiento del oro monetario que parece irreversible.
Se está comprometiendo el soporte del mercado de papel del oro. Sin oro efectivo para poderlo respaldar, su comercio en papel no es viable.
En el momento en que las bases del oro se vuelvan negativas, será el final no sólo del contango sino también del mercado de futuros tal y como lo conocemos. Nunca se ha experimentado una permanente backwardation en el oro (a no ser que imaginemos que hay un mercado de futuros del oro en Harare, la capital de Zimbabwe). El oro no está disponible a ningún precio en dólares de Zimbabwe. En este sentido se puede decir que el último contango ya ha ocurrido por primera vez en Zimbabwe.
Cualquier comercio en papel sobre el oro que todavía está sucediendo en los EEUU va a ser en el mejor de los casos vestirse para el último contango en Washington, que será seguido a continuación por un régimen de permanente backwardation. El sentido de esto es que el oro ya no podrá ser comprado a ningún precio cotizado, en este caso, en dólares americanos.
¿Está el dólar americano compitiendo con el dólar de Zimbabwe?
Los economistas de la corriente dominante y los periodistas financieros se encojen de hombros y dicen: “¿Y qué? Nosotros nunca hacemos un seguimiento de las bases del comercio de la panceta cuando hacemos poítica monetaria”. Pero estos caballeros muestran una enorme falta de comprensión de la naturaleza de la presente crisis financiera y económica. Cualquier cosa que sea esta crisis, es ante todo una crisis del oro con un periodo de incubacíón medido en años. Pero ya está próximo a alcanzar su clímax.
El mundo parece estar completamente desprevenido para este suceso, siendo testigo del silencio que rodea al nexo del oro.
Aún en los sitios de Internet que se llaman a sí mismos de dinero sano están interpretando mal esta situacion. Hablan de un inminente salto del precio del oro en dólares desde su anterior modelo por debajo de los 1.000 dólares la onza. Este salto ha ocurrido de vez en cuando desde el 2001, cuando se rompieron los “niveles de resistencia” de los 300$, los 400$, etc. El próximo salto no se va a distinguir por serlo a partir de los 1.000$, que es una cantidad tan redonda como las anteriores que ya han sido superadas. Se va a distinguir por el hecho de que nos enfrentamos con un acontecimiento mundial como nunca ha sucedido.
En efecto, va a ser la primera vez que el oro no esté disponible a ningún precio. Pues nunca ha sucedido que los gobiernos hayan impagado sus obligaciones de deuda de forma simultanea.
Todavía tenemos que explicar la relevancia de todo esto para la actual crisis del crédito. Ha dejado de ser un secreto que los bonos, los billetes, lo recibos y cualquier otra obligación del gobierno americano o de cualquier otro gobierno no son canjeables. Es decir, sólo son canjeables en algo que sea lo mismo. Por ejemplo, los bonos del tesoro sólo son canjeables por el crédito de la Reserva Federal, que a su vez está respaldada por los mismos bonos del Tesoro americano. ¿Cómo puede ser que la Deuda del Tesoro siga demandándose cuando uno debe darse cuenta que el ser irredimible es lo característico de su emisión? ¿Qué es lo que hace que la gente participe en este juego de trileros? ¿Cómo puede ser que este esquema de giro de cheques sin fondos [check-kiting] haya hipnotizado a toda la población? Piensen en ello, la visión de este esquema de Ponzi haría estremecer a los Padres Fundadores de nuestra gran república.
No es una cuestión fácil de responder, pero repasando una por una todas las posibles explicaciones, hemos llegado a la conclusión de que la deuda del gobierno americano es todavía redimible en un sentido, a pesar de lo limitado o restrictivo que pueda ser. La deuda del gobierno americano tiene un mercado líquido en el que puede ser intercambiado por el crédito de la Reserva Federal. A su vez, el crédito de la Reserva Federal todavía puede ser cambiado en mercados líquidos por oro físico, que es el último extintor de la deuda, aunque a un precio variable.
Pero si se rompe este último vínculo, es decir si el oro deja de ser vendido a ningún precio en dólares americanos entonces se retirará la alfombra que está debajo del castillo de naipes y el sistema monetario internacional colapsará como las torres gemelas del World Trade Center. Y es esta la situación con la que nos estamos enfrentando.
Mírese de este modo. Hay un casino donde unos afortunados jugadores están apostando sin ningún riesgo. Sus apuestas están “en la casa”. Ese casino es el mercado de bonos americano. Sólo hay una partida y los montones de fichas ganadas delante de cada jugador pueden volverse no canjeables a la salida cuando el melenudo padrino agite su varita mágica.
En cuanto el mercado del oro entre en su fase de permanente backwardation, desaparecerán las bases racionales de los tenedores de la deuda del tesoro americano (o cualquier otra deuda, pues llegados a ese punto ya no importa). Entonces todo el mundo correrá de forma alocada hacia las salidas y los poseedores de la deuda se atropellarán unos a otros para terminar muriendo mientras intentan convertir en efectivo sus ganancias.
En julio asistí a la Conferencia de Santa Colomba de 2009 en el Palazzo Mundell cerca de Siena, Italia. Había 50 personas que asistieron previa invitación de la Universidad Robert Mundell de Columbia, galardonada con el Premio Nobel de economía hace 10 años. Los invitados eran principalmente directivos de varios departamentos del tesoro y bancos centrales, embajadores, banqueros, profesores de economía monetaria, autores de monografías y editores de revistas financieras. Estaba presente Paul Volcker, antiguo funcionario del Tesoro y presidente del consejo de la Reserva Federal.
Antes de la conferencia distribuí un par de escritos entre los participantes. Les intentaba demostrar que la naturaleza catastrófica de la crisis de crédito actual no se podía comprender si no se intentaba comprender el oro, el último extintor de la deuda. Todos nosotros somos pasajeros de un tren que marcha en una pendiente cuesta abajo, cuyos frenos (el oro) han sido desmantelados en la cima de la colina. El tren está alcanzando una velocidad por encima de cualquier límite de seguridad y la colisión parece inevitable.
Nuestro amable anfitrión y presidente, el profesor Mundell, hizo dos referencias al oro durante los dos días de la conferencia, afirmando que excepto en los momentos de guerra, el patrón oro había sido el principal elemento que había evitado las crisis en la historia. Por supuesto, todos los sistemas monetarios tienen la costumbre de venirse abajo durante las guerras. Ningún otro participante golpeó la pelota lanzada por Mundell. Sus discursos fueron sobre los “brotes verdes”, la recuperación de la bolsa y los próximos rescates y los paquetes de estímulos. Como en los escritos que había entregado a los asistentes afirmaba que esta crisis era una crisis del oro, conseguí que unas pocas personas me hicieran algunos comentarios en privado. Aparentemente, el resto de participantes quedaron disuadidos por las tres letras de la palabra “oro”. No les merecía la pena leer las divagaciones de este personaje solitario sobre el problema de “volver a poner la pasta de dientes gastada dentro del tubo”.
Uno de mis escritos era una carta abierta dirigida a Volcker. En ella le pregunté si había algún plan de contingencia en el Tesoro o la Reserva Federal para enfrentarse con la crisis que viene con el oro en permanente backwardation.
Volcker no respondió a mi pregunta ni en público ni en privado. Me inclino a pensar que no hay ningún plan de contingencia, excepto el de confundir a todo el mundo, igual que se hizo en las anteriores crisis monetarias. Ninguno de los que toman las decisiones políticas ve la singularidad de la predecible crisis que está en marcha, o la necesidad de enfrentarse a ella con un plan global. Hay una abrumadora indisposición para admitir que el el actual sistema monetario está construido sobre arena y que tiene su origen en la improvisada maniobra que tuvo lugar en la última crisis del oro en 1971. Todas las crisis anteriores han sido cubiertas con papeles pintados en cuanto aparecían, y así hasta la siguiente crisis. Se han dejado pasar todas estas oportunidades para sentarse y trabajar por una solución de carácter permanente. Como esta actitud parece haber funcionado bastante bien en el pasado, los políticos no ven razón alguna para que de nuevo vuelva a fncionar en el futuro.
El último contango en Washington va a ser diferente a todas las crisis anteriores. Será elemental, devastador y apocalíptico. Va a destruir prácticamente toda la riqueza en papel y dejará prácticamente todo el capital físico improductivo. Provocará hordas de desempleados vagando por las calles, sin importarles ni la ley ni el orden, dedicados al pillaje de los hogares y las instituciones. Destrozará nuestras libertades y finalmente también nuestra civilización a no ser que comencemos a tomar acciones que lo eviten.
Por el lado positivo, destruirá completamente la complacencia en los que dirigen este régimen de monedas inconvertibles y fundamentalmente terminará debilitando el señorío de la economía keynesiana y friedmanita que atenaza toda la enseñanza de la ciencia económica.
El último contango en Washington eclipsará la Gran Depresión de los años 30. Esté preparado.

The Gold Standard Institute. Canberra, Australia.

Lunes, 24 de agosto de 2009

Ya he escrito anteriormente sobre “el último contango en Washington“. La frase cubre la crisis del oro que se ha estado gestando bajo la superficie en el mundo durante los últimos 60 años debido a las alocadas políticas que ha hecho el Tesoro de EEUU sobre el oro. El resultado de esto ha sido que todo el oro extraído desde 1947 hasta el día de hoy equivale al oro extraído desde la primitiva minería hasta ese año. Además, todo ese nuevo oro está atesorado en manos privadas y va a ser prácticamete imposible convencerles para que lo suelten. La forma de medir esta desaparición del oro es mediante la desaparición de las bases, o el último contango.

En la jerga técnica del mercado de futuros, las bases son el diferencial entre el precio futuro más próximo y el precio en efectivo en la misma localización. El mercado del oro ha sido siempre un mercado de cargar y llevar (un mercado en contango) debido a su estatuto monetario. Esto quiere decir que el diferencial ha reflejado siempre el coste de carga, el coste de oportunidad y el coste de transporte, algo conocido generalmente de antemano.

Pero se ha estado manifestando un extraño fenómeno en los últimos 35 años, desde el comienzo del mercado de futuros del oro. En vez de permanecer constante, las bases en cuanto porcentaje del tipo de interés se han ido desvaneciendo paulatinamente y ahora han caído hasta cero. Al mismo tiempo, el oro registrado en los almacenes aprobados por el Comex se ha ido extinguiendo. Ambos indicadores apuntan hacia un desabastecimiento del oro monetario que parece irreversible.

Se está comprometiendo el soporte que tiene el mercado de papel del oro. Sin oro efectivo para poderlo respaldar, el comercio en papel no es viable.

En el momento en que las bases del oro se vuelvan negativas, será el final no sólo del contango sino también del mercado de futuros tal y como lo conocemos. Nunca se ha experimentado una permanente backwardation en el oro (a no ser que imaginemos que hay un mercado de futuros del oro en Harare, la capital de Zimbabwe). El oro no está disponible a ningún precio en dólares de Zimbabwe. En este sentido se puede decir que el último contango ya ha ocurrido por primera vez en Zimbabwe.

Cualquier comercio en papel sobre el oro que todavía está sucediendo en los EEUU va a ser en el mejor de los casos el ensayo general para el último contango en Washington, que será seguido a continuación por un régimen de permanente backwardation. El sentido de esto es que el oro ya no podrá ser comprado a ningún precio cotizado, en este caso, en dólares americanos.

¿Está el dólar americano compitiendo con el dólar de Zimbabwe?

Los economistas de la corriente dominante y los periodistas financieros se encojen de hombros y dicen: “¿Y qué? Nosotros nunca hacemos un seguimiento de las bases del comercio de la panceta cuando hacemos poítica monetaria”. Pero estos caballeros muestran una enorme falta de comprensión de la naturaleza de la presente crisis financiera y económica. Cualquier cosa que sea esta crisis, es ante todo una crisis del oro con un periodo de incubacíón medido en años. Pero ya está próximo a alcanzar su clímax.

El mundo parece estar completamente desprevenido para este suceso, siendo testigo del silencio que rodea al nexo del oro.

Aún en los sitios de Internet que se llaman a sí mismos de dinero sano están interpretando mal esta situacion. Hablan de un inminente salto del precio del oro en dólares desde su anterior modelo por debajo de los 1.000 dólares la onza. Este salto ha ocurrido de vez en cuando desde el 2001, cuando se rompieron los “niveles de resistencia” de los 300$, los 400$, etc. El próximo salto no se va a distinguir por serlo a partir de los 1.000$, que es una cantidad tan redonda como las anteriores que ya han sido superadas. Se va a distinguir por el hecho de que nos enfrentamos con un acontecimiento mundial como nunca antes ha sucedido.

En efecto, va a ser la primera vez que el oro no esté disponible a ningún precio. Pues nunca ha sucedido que los gobiernos hayan impagado sus obligaciones de deuda de forma simultanea.

Todavía tenemos que explicar la relevancia de todo esto para la actual crisis del crédito. Ha dejado de ser un secreto que los bonos, los billetes, lo recibos y cualquier otra obligación del gobierno americano o de cualquier otro gobierno no son canjeables. Es decir, sólo son canjeables en algo que sea lo mismo. Por ejemplo, los bonos del tesoro sólo son canjeables por el crédito de la Reserva Federal, que a su vez está respaldado por los mismos bonos del Tesoro americano. ¿Cómo puede ser que la Deuda del Tesoro siga demandándose cuando uno debe darse cuenta que el ser irredimible es lo característico de su emisión? ¿Qué es lo que hace que la gente participe en este juego de trileros? ¿Cómo puede ser que este esquema de giro de cheques sin fondos [check-kiting] haya hipnotizado a toda la población? Piensen en ello, la visión de este esquema de Ponzi haría estremecer a los Padres Fundadores de nuestra gran república.

No es una cuestión fácil de responder, pero repasando una por una todas las posibles explicaciones, hemos llegado a la conclusión de que la deuda del gobierno americano es todavía redimible en un sentido, a pesar de lo limitado o restrictivo que pueda ser. La deuda del gobierno americano tiene un mercado líquido en el que puede ser intercambiado por el crédito de la Reserva Federal [billetes nominados en dólares]. A su vez, el crédito de la Reserva Federal todavía puede ser cambiado en mercados líquidos por oro físico, que es el último extintor de la deuda, aunque a un precio variable.

Pero si se rompe este último vínculo, es decir si el oro deja de ser vendido a ningún precio en dólares americanos, entonces se retirará la alfombra que está debajo del castillo de naipes y el sistema monetario internacional colapsará como las torres gemelas del World Trade Center. Y es esta la situación con la que nos estamos enfrentando.

Mírese de este modo. Hay un casino donde unos afortunados jugadores están apostando sin ningún riesgo. Sus apuestas están “en la casa”. Ese casino es el mercado de bonos americano. Sólo hay una partida y los montones de fichas ganadas delante de cada jugador pueden volverse no canjeables a la salida cuando el melenudo padrino agite su varita mágica.

En cuanto el mercado del oro entre en su fase de permanente backwardation, desaparecerán las bases racionales de los tenedores de la deuda del tesoro americano (o cualquier otra deuda, pues llegados a ese punto ya no importa). Entonces todo el mundo correrá de forma alocada hacia las salidas y los poseedores de la deuda se atropellarán unos a otros para terminar muriendo mientras intentan convertir en efectivo sus ganancias.

En julio asistí a la Conferencia de Santa Colomba de 2009 en el Palazzo Mundell cerca de Siena, Italia. Había 50 personas que asistieron previa invitación de la Universidad Robert Mundell de Columbia, galardonada con el Premio Nobel de economía hace 10 años. Los invitados eran principalmente directivos de varios departamentos del tesoro y bancos centrales, embajadores, banqueros, profesores de economía monetaria, autores de monografías y editores de revistas financieras. Estaba presente Paul Volcker, antiguo funcionario del Tesoro y presidente del Consejo de la Reserva Federal.

Antes de la conferencia distribuí un par de escritos entre los participantes. Les intentaba demostrar que la naturaleza catastrófica de la crisis de crédito actual no se podía comprender si no se intentaba comprender el oro, el último extintor de la deuda. Todos nosotros somos pasajeros de un tren que marcha en una pendiente cuesta abajo, cuyos frenos (el oro) han sido desmantelados en la cima de la colina. El tren está alcanzando una velocidad por encima de cualquier límite de seguridad y la colisión parece inevitable.

Nuestro amable anfitrión y presidente, el profesor Mundell, hizo dos referencias al oro durante los dos días de la conferencia, afirmando que excepto en los momentos de guerra, el patrón oro había sido el principal elemento que había evitado las crisis en la historia. Por supuesto, todos los sistemas monetarios tienen la costumbre de venirse abajo durante las guerras. Ningún otro participante golpeó la pelota lanzada por Mundell. Los discursos de los otros ponentes fueron sobre los “brotes verdes”, la recuperación de la bolsa y los próximos rescates y paquetes de estímulos. Como en los escritos que había entregado a los asistentes afirmaba que esta crisis era una crisis del oro, conseguí que unas pocas personas me hicieran algunos comentarios en privado. Aparentemente, el resto de participantes quedaron disuadidos por las tres letras de la palabra “oro”. No les merecía la pena leer las divagaciones de este personaje solitario sobre el problema de “volver a poner la pasta de dientes gastada dentro del tubo”.

Uno de mis escritos era una carta abierta dirigida a Volcker. En ella le pregunté si había algún plan de contingencia en el Tesoro o la Reserva Federal para enfrentarse con la crisis que viene con el oro en permanente backwardation.

Volcker no respondió a mi pregunta ni en público ni en privado. Me inclino a pensar que no hay ningún plan de contingencia, excepto el de confundir a todo el mundo, igual que se hizo en las anteriores crisis monetarias. Ninguno de los que toman las decisiones políticas ve la singularidad de la predecible crisis que está en marcha, o la necesidad de enfrentarse a ella con un plan global. Hay una abrumadora indisposición para admitir que el actual sistema monetario está construido sobre arena y que tiene su origen en la improvisada maniobra que tuvo lugar en la última crisis del oro en 1971. Todas las crisis anteriores han sido cubiertas con papeles pintados en cuanto aparecían, y así hasta la siguiente crisis. Se han dejado pasar todas estas oportunidades para sentarse y trabajar por una solución de carácter permanente. Como esta actitud parece haber funcionado bastante bien en el pasado, los políticos no ven razón alguna para que de nuevo no vuelva a fncionar en el futuro.

El último contango en Washington va a ser diferente a todas las crisis anteriores. Será elemental, devastador y apocalíptico. Va a destruir prácticamente toda la riqueza en papel y dejará prácticamente todo el capital físico improductivo. Provocará hordas de desempleados vagando por las calles, sin importarles ni la ley ni el orden, dedicados al pillaje de los hogares y las instituciones. Destrozará nuestras libertades y finalmente también nuestra civilización a no ser que comencemos a tomar acciones que lo eviten.

Por el lado positivo, destruirá completamente la complacencia en los que dirigen este régimen de monedas inconvertibles y fundamentalmente terminará debilitando el señorío de la economía keynesiana y friedmanita que atenaza toda la enseñanza de la ciencia económica.

El último contango en Washington eclipsará la Gran Depresión de los años 30. Esté preparado.

Artículo original: Dress Rehearsal For The Last Contango.

Traducido por Joaquín Ferrer Benat

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Responses

  1. El oro siempre ha sido el metal noble por excelencia, aunque hubo épocas en que escaseaba más la plata. La mitad al menos del oro extraído en el mundo desde el orígen, está en la India. Los hindúes atesoran oro en todas las formas posibles. No obstante, hoy hay productos minerales más valiosos que el oro, como puede ser el uranio enriquecido o el plutonio o el polonio, o el titanio…
    Por otra parte, es evidente que cuando se abandonó el patrón oro como respaldo de monedas, el sistema se basa sólo en la confianza y en la psicología. Cada moneda sólo está respaldada por la capacidad de producción de riqueza y seguridad jurídica que dé el país que la emite. También es evidente que las grandes emisiones de dólares pueden minar la confianza en esa moneda. Si por ejemplo China lanzase fuera todas sus reservas de dólares, se armaría buena. Pero no creo que le interese. Además, se provocaría una dinámica de desastres que probablemente daría lugar a otros acontecimientos de otra índole, donde a lo mejor tronaba el cañón. Y no hay que olvidar que EEUU es una superpotencia militar y que ante la ruina, vaya a saber uno como reaccionaría su población.

  2. Digo que el oro incluye de alguna manera todas las materias primas. Sobre el ecologismo no he dicho nada, porque si hay algo que contamina son los combustibles fósiles, en su extracción y especialmente en su consumo posterior. No obstante, hasta Al Gore usa el avión para hablar del cambio climático, porque es fácil entender que no iba a cobrar un duro si hiciera sus exposiciones con videoconferencias. Quiero decir con esto que la conciencia de un hecho no impide su desarrollo, especialmente si media el dinero.

    Y llegando al dinero, explicar que el oro incluye de alguna forma todas las materias primas requiere de una explicación bastante larga. Pero brevemente, se debe en primer lugar a que es el único producto (junto con el resto de metales preciosos) que tiene una utilidad marginal constante, con independencia de su demanda u oferta. Por eso permite acceder a cualquier materia prima (y también servicio o producto terminado). Por ejemplo, cuando el rublo no era una divisa convertible, Rusia cambiaba trigo por oro con Canadá. Y esto no se debe a un acuerdo entre expertos, sino a un hecho muy democrático de elección histórica, donde entre todas las materias primas despuntaron en su demanda el oro y la plata por su gran liquidez, permitiendo salir del trueque y avanzar en la división del trabajo. Por otro lado, aún con precios estables, permite atesorar, por ejemplo, cualquier excedente agrario en algo duradero y manejable por su gran valor.

  3. Pues perdona , rssnews, aunque me cuesta preguntar, tengo que hacerlo : No entiendo porque dices que el oro incluye de alguna forma todo. La extracción del oro es ecologicamente muy dañina.

  4. La única moneda que incluye de alguna manera al resto de materias primas es el oro. A partir de ese momento busca bibliografía sobre el patrón oro. El petróleo no puede ser incluido como moneda, sino como fundamento energético de una economía.

  5. ¿Tienes idea de algún tipo de bibliografía sobre una moneda basada en una cesta de materias primas, incluyendo por supuesto las energéticas?

  6. Lee a Fekete, el primer Greenspan, y a Ferdinand Lips, que será los artículos que vienen a continuación. Por otro lado, el dinero no es algo artificial, sino que surge de forma espontanea al intercambio de bienes y servicios como el activo más líquido. Fekete defiende además del oro la expansión monetaria sobre pagarés aceptados en una especie de cámara de compensación. Los de la escuela austriaca como Huerta de Soto, Rothbard, etc una banca con reserva del 100%. No obstante, de momento es Fekete el único que está analizando hasta qué punto el oro es el termómetro de la última Gran Depresión.

  7. El concepto de dinero es algo artificial y relativo (aunque tiene que reunir ciertos requisitos). Aunque históricamente los metales preciosos han cumplido esa función ¿no entiendo por qué tienen que seguir siéndolo? Evidentemente si se imprimen billetes o se emite deuda “alegremente” sin un “respaldo” en el “mundo material” de materias primas, bienes y servicios, ¡ es un gran castillo de naipes !. Pero ¿por qué tiene que ser tan importante el oro?


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