Posteado por: physis | 09/10/2009

El pulso de Islandia y Letonia contra sus acreedores (I)

Islandia y Letonia son dos países sin capacidad para devolver la deuda que han contraído. Mientras que en Irán se consiguieron filtrar con rapidez las noticias sobre los disturbios gracias a la sospechosa colaboración de redes alternativas a pesar de la oposición del régimen, estos mecanismos tan propios de Internet no parecen funcionar en el caso que nos ocupa, pues son escasas la noticias o los vídeos o reportajes que aparecen en la red sobre lo que está sucediendo en esos dos países, aunque hay desde luego un gran malestar social.

El asunto es especialmente importante para analizar con perspectiva el caso español, pues según pasan los meses y avanza el descalabro económico disminuyen sigilosamente las garantías de que la deuda nacional se pueda terminar pagando sin algún tipo de ayuda exterior. En ese sentido, Islandia y Letonia podrían aparecer como un ejemplo en miniatura de lo que le espera a España si el gobierno no cambia su desastrosa política económica o los socialistas adelantan las elecciones y acometen seis meses antes las medidas más impopulares.

Pero este gobierno se ha mecido entre la revancha de la batalla ideológica en la primera legislatura y la negación obstinada de la crisis en la segunda. Mientras tanto buena parte del equipo económico ya ha saltado por la borda al mismo tiempo que el ínclito se ha terminado refugiando en unos sindicatos fieles por bien pagados y cuantos besamanos le siguen todavía la estela.

Por el contrario, Letonia parece haber establecido un consejo asesor para poder capear la crisis del mejor modo posible y negociar con garantías ante el FMI y el BCE, entre los que se encuentra Michael Hudson. La línea de prudencia que está defendiendo este economista es la misma que hizo famoso al joven Keynes después del Tratado de Versalles: no pedir una devolución de la deuda por encima de las posibilidades del país, pues se terminaría forzando una situación de quiebra e impago con graves consecuencias políticas muy desestabilizadoras para toda la zona euro.

Mientras tanto, aquí en España, en un alarde de orgullo de clase, aparecen lamentables personajes de las catacumbas sindicales y medio bebidos que por demostrar su fidelidad al Presidente del gobierno se atreven a insultar al Gobernador del Banco de España. Si el “gabinete de crisis” está formado por gente tan preparada, entonces lamento decir que nos queda mucha crisis y sufrimiento por delante.

Eso no quiere decir tampoco que el Gobernador sea agua limpia. Pero la izquierda debería entender de una puta vez que el asunto no se encuentra ahora mismo en un enfrentamiento estúpido y retrógrado contra la patronal. Los sindicatos todavía no se han dado cuenta de qué es lo que ha provocado realmente en la crisis subprime, pues todavía siguen pensando que los bancos estaban prestando el dinero que tenían depositado en sus cámaras. A Michael Hudson sólo le queda explicar en sus artículos cómo la banca con reserva fraccionaria se ha estado extendiendo como una soga sutil que va a ahogar todas las economías que no dispongan de capital suficiente, pues ese dinero que ha sido prestado y creado de la nada va a ser imposible de devolver. La izquierda debe descubrir de una vez por todas que el principal enemigo del trabajador no es el patrono, sino la hipoteca que se debe pagar cada mes, o las deudas que ahora también ahogan al empresario. Un dinero que en ambos casos se creó en el mismo momento de la firma del crédito y en consecuencia no existía antes. Pero ¿cómo puede ser que no haya ninguna contestación social contra esta estafa y al mismo tiempo la izquierda sea tan ignorante por lo que respecta al dinero y la banca? De hecho, todo ese socialismo retrógrado y trasnochado del 36 le está haciendo el juego al sistema financiero al desviar permanentemente la atención de los problemas reales.

Toda la imparable burbuja de deuda generada en España durante el último decenio también va a ser imposible de devolver a franceses y alemanes, entro otros. La izquierda, junto con Michael Hudson, debería estar pidiendo una reducción significativa de la carga de la deuda sobre las familias (se puede pagar lo que se puede pagar) y, por supuesto, debería estar criticando también el rescate al sector bancario (FROB), pidiendo transparencia y organizando al mismo tiempo algún tipo de actuación contundente contra el gobierno para frenar la sangría de endeudamiento público. ¿Dónde están todos esos que parecen tan radicales cuando se trata de criticar a los del Partido Popular? ¿Dónde están ahora toda aquélla sociedad que se oponían a la guerra en Irak?

¿Cómo puede ser que un inútil esté dirigiendo el país hacia la quiebra y no salte nadie en la izquierda? ¿A caso tiene patente el PSOE para hundir la economía mientras sus medios secuaces tratan inútilmente de cercar al partido de la oposición a cuenta de un caso de corrupción? Pero ¿qué pasa? ¿A caso se ha perdido el norte? Y, por otro lado, ¿dónde está la oposición?

Por qué Islandia y Letonia no pagarán (y no podrán pagar) a la Unión Europea los robos de los cleptócratas

¿Podrán pagar a los acreedores extranjeros Islandia (*) y Letonia la deuda que han contraído rápidamente una parte sustancial de sus respectivas poblaciones?

La Unión Europea y el FMI han dicho a los gobiernos que reemplacen las deudas privadas con deuda pública, algo que se tendrá que pagar subiendo los impuestos y recortando el gasto público, obligando a los ciudadanos a reducir drásticamente sus ahorros.

El resentimiento está creciendo no sólo hacia los que hicieron crecer esas deudas (el banco islandés Kaupthing, el Landsbanki con sus cuentas Icesave (1), los propietarios más endeudados y los privatizadores de los países bálticos y Europa central), sino también hacia los consejeros neoliberales extranjeros y los acreedores que han presionado a los gobiernos de Finlandia y Letonia para que vendan los bancos y las infraestructuras públicas a determinados privilegiados.

El apoyo popular para el ingreso de Islandia en la Unión Europea ha caído hasta ser simplemente 1/3 de la población. En Letonia, el partido Concordia Centrista ya es el primer grupo político desde la independencia de la extinta Unión Soviética y tiene por votantes a un amplio segmento de la población que habla ruso. Gracias al descontento generalizado el partido ya tiene mayoría en Riga (la capital letona) y se está convirtiendo en el partido nacionalista más importante. Las protestas populares en ambos países han dado lugar a una presión política creciente para limitar la carga de la deuda hasta unos límites razonables que permitan pagarla.

La presión política alcanzó su punto crítico el 15 de agosto en el parlamento de Reykjavik. El Althing (el parlamento de Islandia) consiguió llegar a un acuerdo mediante el que se podrán restringir severamente los pagos al Reino Unido y a Holanda en compensación por el coste que podría suponer rescatar a los depositarios islandeses de Icesave.

Que yo sepa, es el primer acuerdo de este tipo desde la década de 1920, gracias al cual la deuda externa externa queda subordinada a la capacidad del país para pagarla. Los pagos de Islandia quedarán limitados al 6% del crecimiento del PIB a partir del 2008. De esta forma, si los acreedores emprenden acciones que terminen asfixiando la economía islandesa con políticas de severa austeridad y la gente sigue emigrando de la forma que lo está haciendo ahora para escapar de una economía devorada por la deuda, entonces no habrá crecimiento económico y la deuda no se podrá pagar.

Un problema similar fue el que se debatió hace 80 años sobre las reparaciones de guerra de Alemania después de la GM-I. Pero los políticos todavía confunden la distinción entre forzar un excedente fiscal y la capacidad de repago de la deuda. Con independencia de todos los impuestos que un gobierno pueda terminar sacando de la economía de un país, existe un problema a la hora de convertir el dinero en moneda extranjera. Tal y como explicó Keynes, a no ser que el país deudor pueda exportar más, deberá devolver el dinero pidiendo prestadas nuevas cantidades o vendiendo activos del país. El primer caso es lo que hicieron los estados alemanes, pidiendo dólares en New York, canjeándolos a continuación por moneda local en el Reichsbank, que a su vez pagaba a los aliados con esos mismos dólares. Con este proceso se creaba cada vez más moneda local hasta que llegó un extremo en el que se quebró el precario equilibrio monetario y estalló la hiperinflación. Islandia ha rechazado estas dos políticas autodestructivas.

Hay un límite sobre la cantidad de dinero que una economía puede pagar al extranjero. Aumentar los impuestos domésticos no significa que el gobierno pueda transformar estos ingresos en moneda extranjera. Esta realidad es la que se refleja en la insistencia de Islandia de que los pagos sobre las deudas con Icesave y las obligaciones relacionadas con o que se derivan de la fallida privatización de su sistema bancario, tienen que estar limitadas a algún porcentaje (digamos un 3%) del crecimiento del PIB. Este esquema presupone que parte de este crecimiento puede reflejarse en exportaciones, pero si no es este el caso, Islandia está insistiendo sobre sus propias conditionalitiy (2) para poder poner en orden la posición de su balanza de pagos.

El asunto relacionado con la deuda externa va mucho más allá de Islandia. En toda Europa, los partidos políticos están hablando sobre cómo afrontar el siguiente problema: los criterios de convergencia de Maastrich para los estados miembros limitan la deuda pública hasta un 60% del PIB. Pero la deuda pública exterior de Islandia (sin incluir la privada) podría saltar hasta un 240% del PIB si el país accede a las demandas del Reino Unido y Holanda, que están pidiendo reintegrar en sus respectivas cuentas públicas los rescates de Icesave. Mientras tanto, la Unión Europea y el FMI están prestando a los países bálticos para que puedan sostener sus monedas, de forma que las hipotecas puedan mantenerse al corriente en vez de dejar de pagarse, al mismo tiempo que se impide la amenaza de que descarrile un proceso de integración que parecía estar bien encarrilado hace muy poco tiempo.

El problema de las economías post-soviéticas es que su independencia en 1991 no trajo consigo los esperados niveles de vida occidentales. Al igual que Islandia, estos países permanecen muy dependientes de las importaciones para sus bienes de consumo y bienes de capital. Sus déficit comerciales han sido financiados gracias a una burbuja inmobiliaria que ha permitido pedir prestado en moneda extranjera contra unas propiedades que estaban libres de deuda en el momento de la independencia. Ahora todos esos activos están completamente “cargados de deuda”, pero ya ha reventado la burbuja y se tienen que devolver los préstamos. Han dejado de llegar los créditos a los países bálticos desde los bancos suecos, a Hungría desde los bancos austriacos o a Islandia desde los bancos británicos u holandeses. El desempleo está creciendo y los gobiernos están recortando sus presupuestos de educación y sanidad. El colapso económico está dejando amplias franjas del mercado inmobiliario con retornos negativos.

Los programas de austeridad fueron algo común en los países del tercer mundo entre los años 70 y los 90, pero las democracias europeas tienen ahora menos tolerancia al acatamiento de las medidas destructivas que suelen imponer los acreedores en el retorno de unos préstamos que en el mejor de los casos fueron concedidos de forma irresponsable, pero en el peor de forma completamente rapaz. Las familias están perdiendo sus hogares y la emigración se está acelerando. No es esto lo que prometieron los neoliberales.

Las poblaciones de estos países se están preguntando no sólo hasta qué punto tienen que devolver sus deudas, sino ¡si pueden ser repagadas! En caso de no poderse, entonces cualquier intento llevado a cabo para poder honrar las deudas se debe hacer de forma que no hunda aún más la economía, evitando que esa devolución se torne en inviable. Es ese el criterio que ha faltado en los anteriores programas de formas estructurales.

¿Aceptarán Reino Unido y Holanda esta nueva realidad, o se aferrarán a su ideología neoliberal de favorecer al acreedor insistiendo de forma tozuda que “una deuda es una deuda” y eso es todo? Intentar sacar más servicio de la deuda del que una economía puede pagar requiere de un régimen fiscal y financiero completamente opresivo. Y Keynes ya advirtió que esto podría inspirar una reacción política de carácter nacionalista con tal de liberarse de las demandas de las naciones acreedoras. Esto es lo que sucedió en la década de 1920 cuando la economía alemana naufragó por las imposiciones de las rígidas ideologías de la santidad de la deuda.

Una dinámica similar está sucediendo en Islandia y los países bálticos. La Unión Europea está diciendo a Islandia que si quiere adherirse a la Unión, entonces deberá pagar a Inglaterra y Holanda las deudas contraídas con Icesave. Y en Letonia, la UE y el FMI han dicho al gobierno que pida prestado en moneda extranjera con tal de estabilizar el tipo de cambio para poder ayudar a los titulares de las deudas a pagar sus hipotecas en moneda extranjera que han pedido a los bancos suecos y a otras entidades y que ha ayudado a alimentar la burbuja inmobiliaria, a subir los impuestos y a recortar drásticamente el gasto público en educación, sanidad y otras necesidades básicas con tal de tener liquidez para absorber esos nuevos ingresos en divisa extranjera. En un principio impuestos más altos implican una menor demanda de productos importados y también menores precios domésticos, aunque estas medidas no implican que automáticamente se hagan las exportaciones más competitivas en los mercados internacionales.

Porque ni Islandia ni Letonia tienen mucha producción destinada a la exportación. Los estados bálticos no han conseguido instalar mucha capacidad de producción desde que consiguieron su independencia en 1991. Islandia tiene pescado, pero muchas de sus licencias para las cuotas de pesca han sido comprometidas como garantías en unos préstamos que sólo con los intereses están absorbiendo los beneficios exteriores que supone la venta de la pesca. Los intereses también están absorbiendo buena parte de los ingresos por las exportaciones de aluminio y los beneficios de los recursos geotérmicos e hidroeléctricos.

Con semejantes condiciones, está funcionando un principio económico pragmático: las deudas que no pueden pagarse no deben ser pagadas. Lo que permanece como una cuestión abierta es precisamente cómo no van a ser pagadas. ¿Serán canceladas en su mayoría? ¿O tal vez Islandia, Letonia y otros deudores quedarán hundidos en la austeridad en un intento de extraer cualquier excedente económico para evitar el impago? (3)

El fracaso en reconocer la capacidad limitada para afrontar los pagos puede provocar la peligrosa situación de que estos países endeudados en exceso queden fuera de la órbita occidental. La población de Islandia está molesta con el respaldo de la UE a las tácticas intimidatorias de Inglaterra y Holanda intentando extraer el reembolso necesario para el rescate de los titulares de las cuentas de Icesave (2.600 millones de euros a Inglaterra y 1.300 millones de euros a Holanda). Los socialdemócratas ganaron en abril las elecciones al parlamento las elecciones sobre una plataforma que defendía la entrada en la UE, pero la carga que soporta el país con las deudas sobre Icesave les podría impedir cumplir con los criterios de Maastrich para la entrada en la UE. Esta situación provoca la sensación de que Europa parece estar más preocupada con el cobro de la deuda que con conseguir el acceso de los nuevos miembros.

Todavía preocupan más las consecuencias a largo plazo de reemplazar las quiebras por mayores pirámides de deuda y que aparezcan de nuevo los cleptócratas con más deuda pública, pero esta vez de agencias gubernamentales internacionales. Una deuda que además es menos fácil de cancelar. Eva Joly, la fiscal francesa que ha puesto en orden la cleptocracia bancaria de Islandia, advirtió a principios de agosto que si Islandia sucumbe a las peticiones de la UE, entonces “no sólo dejarán abandonados a varios cientos de pescadores retirados, sino también sus recursos naturales y su posición geoestratégica clave a merced del mejor postor. En efecto, Rusia, por ejemplo, puede encontrarlo atractivo” (4). Los antiguos países que dependían de la órbita soviética ya están viendo cómo los votantes están separándose de Europa como reacción a las políticas destructivas que está apoyendo la UE.

Ni Inglaterra ni Holanda, ni el FMI o la UE han contemplado un escenario sobre cómo va a quedar Islandia después de pagar las deudas que le piden. ¿Cuánto caerán los ingresos personales y los estándares de vida? ¿Qué programas deberá recortar el gobierno? ¿Cuántos impagos se van a producir sobre los créditos hipotecarios y las deudas personales? ¿Cuánto paro resultará? ¿Cuánta emigración? Los modelos que están siendo considerados tratan estas dimensiones del problema económico como simples “externalidades”, pero son cuestiones centrales a la hora de considerar cómo terminará funcionando el sistema en la práctica.

La cuestión es si la ideología neoliberal cederá el paso a la realidad económica, o si la política económica seguirá empleando las orejeras que le suelen caracterizar mediante las políticas a corto plazo orientadas por los acreedores. Lo que está bloqueando una política más razonable de crecimiento es, según observa la Sra. Joly, que “la presidencia sueca de la Unión no parece tener prisa para mejorar la regulación de los sistemas financieros, y los comités del Parlamento que están más familiarizados con los asuntos económicos están más que nunca dominados por liberales, particularmente por liberales británicos”. Así que Europa va a continuar imponiendo una ideología económica miope.

Por qué finlandia es tan importante para la estructura financiera internacional

Durante la década pasada Islandia ha sido un tipo de experimento controlado, un caso de test extremo de la ideología de libre mercado neoliberal. Se ha probado hasta qué limite de endeudamiento puede ser empujado un país. ¿Hay un límite, un punto donde el gobierno dibuja una línea a partir de la cual se asume como responsabilidad pública las deudas privadas más allá de cualquier responsabilidad razonable de pagarlas, sin tener que recortar drásticamente al mismo tiempo el gasto público en educación, salud pública y otros servicios básicos?

El objeto de debate es la relación entre el sector financiero y la economía “real”. Desde la perspectiva de la economía “real”, el papel correcto del crédito (es decir de la deuda) es financiar inversiones de capital que sean tangibles y favorecer el crecimiento económico. El objetivo es crear un sistema de impuestos y de regulación financiera que maximice posteriormente ese efecto.

Después de todo, es de los excedentes económicos de donde saldrá el dinero para pagar la deuda y los intereses. Y esto se podrá hacer siempre que la carga no sea excesivamente extractiva y completamente predatoria. Pero los acreedores no han mostrado mucho interés en la economía del bienestar en sentido amplio. Los gestores de la banca y los brokers de las hipotecas subprime, los inversores corporativos y los poseedores de los bonos, pero muy especialmente la nueva raza de privatizadores cleptócratas que la aplaudieron con tanto ruido simplemente por suponer ideologías de corte económico neoliberal (y he podido constatar que de forma bastante estúpida), todos ellos simplemente no se han preguntado cuánto excedente económico puede ser extraído y capitalizado para el servicio de la deuda. Desde esta perspectiva, la riqueza de la economía sólo está siendo medida por la magnitud de las obligaciones de la deuda (hipotecas, bonos y préstamos empaquetados de los bancos), el retorno capitalizado de los ingresos originales y los anhelados beneficios del capital producidos por los tipos de interés.

Como país, Islandia ha decidido que se han equivocado entregando su banca a un reducido grupo de oligarcas sin ninguna vigilancia real o regulación. Entendían que este acuerdo interno podía beneficiar al país, pero la suposición finalmente se ha visto equivocada. Desde el punto de vista de la teoría económica, no es ninguna locura pensar que no se puede aplicar a los banqueros las burlas que hacía Adam Smith a los que no confiaban en la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero por lo que respecta a sus productos e intereses particulares. El “producto” de los banqueros no es un bien de consumo tangible, sino una deuda que además lleva asociada un interés. Y las deudas son demandas futuras sobre la producción, los ingresos y la riqueza, pero no es riqueza en sí misma.

Esto es lo que los liberales que defienden al sector financiero no consiguen entender. Para ellos la creación de deuda es al mismo tiempo “creación de riqueza” (el eufemismo favorito de Alan Greenspan), porque es el crédito (es decir, la deuda) lo que hace subir los precios de las propiedades inmobiliarias, de las acciones y de los bonos, incrementando el balance financiero en los libros contables. La complejidad matemática de la “teoría del equilibrio” que subyace en la ortodoxia neoliberal trata a los precios de los activos (a la riqueza en el sentido financiero del término) como algo que representa un ingreso futuro. Pero en la actual economía de burbuja, los precios de los activos reflejan la cantidad de dinero que los banqueros quieran prestar para que se consigan (como es el caso de la vivienda, que sube su precio porque la banca concede cada vez mayores créditos sobre los mismos activos). Porque en vez de basarse en un cálculo racional, los préstamos se basan meramente en lo que los bancos de inversión son capaces de empaquetar y vender a unas crédulas instituciones financieras que intentan pagar las pensiones mediante un proceso que consiste en endeudar cada vez más a las economías, o simplemente en participar del crédito disponible que los bancos crean libremente en el momento de su firma.

No obstante, la cantidad de deuda que un país es capaz de pagar está limitada por el excedente económico y procede de los beneficios empresariales y los ingresos personales del sector privado. También de los ingresos fiscales netos que el sector público consigue recaudar mediante impuestos. Pero para la generación anterior de economistas, ni la teoría financiera ni la práctica global ha reconocido ninguna restricción a la capacidad de devolver la deuda. Así que se ha permitido que el servicio de la deuda haya devorado la formación de capital y la reducción de los estándares de vida.

Como una alternativa a semejante anarquía financiera, el parlamento de Islandia mantiene el principio de soberanía de la deuda en respuesta a las demandas de los ingleses y los holandeses para que el gobierno de Islandia garantice el pago del rescate de Icesave.

Las condiciones previas para la extensión de las garantías del gobierno según la nueva ley son las siguientes:

1. Que la declaración debe entenderse como consecuencia de las dificultades de estas circunstancias sin precedentes que Islandia debe afrontar y por la necesidad de decidir sobre unas medidas que permitan reconstruir el sistema financiero y económico.

Esto implica, entre otras cosas, que las partes contratantes acordarán unos requerimientos razonados y objetivos sobre Islandia para una revisión de los acuerdos conforme a sus cláusulas.

2. Que la posición de Islandia como estado soberano excluye un proceso legal contra sus activos, por lo que deben ser necesariamente exonerados en una forma aceptable de sus funciones al respecto como estado soberano.

En vez de imponer un tipo de programas de austeridad que han terminado devastando a los países del tercer mundo entre los decenios de 1970 y 1990 (que además han terminado haciendo aparecer al FMI como una plaga a evitar), el Althing está cambiando las reglas del sistema financiero. Se está subordinando el reembolso de Islandia a Holanda y Reino Unido a las capacidades que tiene la Isla para devolver el dinero.

Al evaluar las condiciones previas que sirven para revisar los acuerdos, el informe también deberá tomarse en todo momento desde una perspectiva de la economía nacional y las finanzas del estado, prestando especial atención a los asuntos relacionados con el cambio de divisa, los desarrollos de los tipos de interés y la balanza de pagos, el crecimiento económico y los cambios en el PIB además de los desarrollos relacionados con el tamaño de la población y la participación en el mercado laboral.

La oposición de este fin de semana es un salto cuantitativo que promete (o desde el punto de vista de los acreedores, amenaza) cambiar las condiciones financieras del mundo. Es la primera vez desde 1920 que la capacidad de pagar es un principio que se hace explícito en las bases legales para el servicio de la deuda en un acuerdo internacional. La cantidad a devolver va a quedar limitada a una proporción especificada del crecimiento del PIB de Islandia (bajo la suposición de que este crecimiento puede en efecto ser convertido en beneficios fruto de la exportación). Una vez que Islandia se recupere, el pago que el Tesoro garantiza a los ingleses en el periodo 2017-2023 se limitará a un 4% del crecimiento del PIB a partir del 2008, más otro 2% para Holanda. Si no hay crecimiento del PIB, entonces no se pagará la deuda. Esto significa que si los acreedores emprenden acciones punitivas cuyos efectos sean estrangular la economía de Islandia, entonces el dinero no se devolverá.

La moraleja de todo esto es que la tercera ley del movimiento de Newton (toda acción tiene una reacción igual y opuesta) es aplicable a la política y a la economía igual que a la física. Por ser una de las zonas más aefctadas por del desastre neoliberalizador, Islandia es la primera economía nacional que está empujando hacia atrás toda esta oleada de acreedores. En los últimos dos años ha visto hundir su estatus desde uno de los estándares de vida más elevados de occidente (financiados evidentemente por la deuda), a ser ahora el que más hundido está en el apalancamiento del crédito. Es normal en estas circunstancias que la población y los cargos políticos electos experimenten un shock cultural. En este caso se trata de una toma de conciencia generalizada de la destructiva ideología de los “mercados libres” neoliberales, un eufemismo que ha dirigido la privatización de los bancos nacionales y la posterior orgía de deuda.

Islandia promete ser simplemente la primera nación que mueva el péndulo desde una ideología que en apariencia trata sobre la “economía real” del mercado libre, hacia la conciencia de que en la práctica esta retórica resulta ser un principio desechable llegado el momento, con tal de favorecer a la banca y a los acreedores globales. Después de todo, el producto que venden los bancos es deuda con intereses asociados. Así que lo que a primera vista parecía ser “creación de riqueza”, finalmente ha sido simplemente creación de deuda. Pero en este proceso la banca no se ha responsabilizado de la posibilidad de impago. Así que el crash resultante ha provocado paradójicamente que sea al final el sector financiero quien se haya vuelto de repente deseoso del control de asunto mediante un gobierno centralizado, pues está pidiendo que el sector público sea quien haga el rescate económico, reduciendo a los países endeudados hacia una esclavitud de déficit fiscales y el consiguiente hundimiento económico.

Hasta donde yo tengo conocimiento, es el primero de los acuerdos de este tipo desde el plan aplicado a Alemania sobre las reparaciones de guerra después de la GM-I, en el que se subordinan las obligaciones internacionales de la deuda al principio de la posibilidad de pagarlas. La propuesta del Althing describe esto mismo en varios términos legales muy claros, como una alternativa a la idea neoliberal de que las economías deben pagar sus deudas sea como sea, sacrificando su futuro y haciendo que su población emigre hacia el exterior en un intento vano de huir o pagar sus deudas trabajando en el extranjero. Pues las deudas son tan voluminosas que simplemente no pueden ser pagadas, quedando las economías endeudadas completamente esclavas de los acreedores. Al fin y al cabo, las economías democráticas no tienen por qué renunciar a sus principios políticos participativos en favor de una oligarquía financiera con capacidad para planificar contra el sufragio universal.

No hay duda de que los países pertenecientes a la extinta URSS están observando las negociaciones, junto con America Latina, África y otros países endeudados, cuyo crecimiento ha sido detenido por la predatoria austeridad de los programas que han impuesto en la últimas décadas el FMI, el Banco Mundial y más recientemente la propia Unión Europea.

Se ha acabado la era post Bretton-Woods. Debemos celebrarlo.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Más artículos en castellano de Michael Hudson en Rebelión.

Actualización (14/10/2009): ¿Dónde están los sindicatos? Carlos Sánchez

Notas:

(*) Sobre la evolución de la crisis en Islandia en este enlace hay una buena síntesis.

(1) Icesave es una entidad que opera banca electrónica en Islandia desde octubre de 2006 y que es dependiente del Landsbanki. Icesave ha sido origen de disputas internacionales desde que en 2008 estallaran los problemas financieros en Islandia.

(2) El conditionality es una condición asociada a un préstamo o a una atenuación de la deuda, normalmente en préstamos concedidos por el Banco Mundial o el FMI. Este conditionality puede contener requerimientos relativamente controvertidos para mejorar las garantías del acreedor, como políticas de austeridad y privatizaciones de los servicios públicos. Suelen quedar estructuradas bajo la etiqueta de “ajustes estructurales”.

(3) Es Edward Hugh quien está siguiendo más de cerca la evolución de la economía letona en este blog. Sobre cómo devolver la deuda, Hugh lo tiene claro: devaluando la moneda (1 y 2). Tal vez su principal argumento es la progresiva reducción de la población:

Y, en efecto, una devaluación es lo que parece estar preparándose, según informa Izabella Kaminska en FT.

(4) Eva Joly, Iceland: Lessons to be Learned from The Economic Meltdown, Global Reserch, 07/08/2009.

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Responses

  1. Pues si, es sorprendente que apenas se comente nada. Lo de Iran era previsible pues fue otras de las revoluciones multicolores manejadas por la CIA pero, como paso en bielorusia, fracaso a pesar de tener mucha gente de pago trabajando en la causa.

    Lo que dice el lider sindical, yo lo firmo. Que poca vergueza la del gobernador del BE pues èl es uno de los responsables de la crisis. A mi me da nauseas oirlo como un guro cuando no tiene legitimidad democratica alguna. Es el estado el que tiene que controlar el BE o sera una oligarquia la que lo hagaa; por eso es un privado el gobernador. Pero si para muestra un boton ¿quien crees que tuvo la culpa de la debacle de islandia y letonia? ¿los sindicatos o aquellos que manejaron los tipos de interes?

    Ahora yo tengo que arrimar el hombro con mis impuestos para que un payaso gobernador salde un deficit que el creo. Y para colmo, los empresarios neoliberales de subvenciones varias, nos cuentan que debemos modificar el mercado de trabajo para tapar su incompetencia…

    lo que hay que oir.

    un saludo.


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