Posteado por: physis | 01/01/2010

Riesgo inducido y geopolítica del conflicto (I)

Introducción

El ilustre y ya fallecido Frank Zappa observó atinadamente el 28 de marzo de 1986 en la CNN (programa Crossfire) que EEUU se dirigía irremediablemente hacia el fascismo de las corporaciones. Posteriormente, Ron Paul, Howard Zinn y Noam Chomsky han observado sabiamente esta peculiar deriva de la democracia americana. Pero no sólo ellos, sino que muchos americanos parecen darse cuenta de lo que está sucediendo, pues el 9 de marzo de 2008 The New York Times informaba en su su sección Book Review que el libro más vendido por esas fechas era Liberal Fascism de Jonah Goldberg.

Pero, ¿qué es realmente el fascismo? La wikipedia acierta sólo en parte cuando define al fascismo de la siguiente forma:

Una ideología y un movimiento político que surgió en la Europa de entreguerras (1918-1939). El término proviene del italiano fascio (‘haz, fasces’), y éste a su vez del latín fasces (plural de fascis).

El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras que en su base intelectual plantea una sumisión de la razón a la voluntad y a la acción.

En el periodo de entreguerras quedó arropado bajo un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas que condujo finalmente a la violencia contra los que se definen como enemigos por un eficaz aparato de propaganda, un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas), lo que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúen al fascismo en la extrema derecha y le relacionen con la plutocracia, identificándolo algunas veces como un capitalismo de estado, o bien se termine identificando como una variante chovinista del socialismo de Estado.

Se presenta como una «tercera vía» o «tercera posición» que se opone radicalmente tanto a la democracia liberal en crisis (la forma de gobierno que representaba los valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial, como Inglaterra, Francia o Estados Unidos, a los que considera «decadentes») como al movimiento obrero tradicional en ascenso (anarquista o marxista, este último escindido a su vez entre la socialdemocracia y el comunismo, que desde 1917 tenía como referente al proyecto de Estado socialista que se estaba desarrollando en la Unión Soviética); aunque el número de las ideologías contra las que se afirma es más amplio: el social-comunista, el demoliberal-masónico y el populismo católico.

Cuando el nacismo alemán y el fascismo italiano consiguieron llegar al poder, lo primero que crearon fue una pléyade de corporaciones industriales y financieras en torno a las que se agrupó toda la actividad económica. Las mismas familias que aglutinaban las corporaciones fueron precisamente las que económicamente apoyaron con anterioridad a esos movimientos liberticidas, como las del metal e industrias pesadas, infraestructuras y muy especialmente la banca.

En consecuencia, cuando se habla de fascismo, especialmente se debe entender el gobierno de las corporaciones financieras e industriales bajo la figura de un líder carismático con gran ropaje mediático. De forma que aquéllas puedan actuar con gran impunidad y protección bajo el brutal brazo autoritario del poder que han conseguido encumbrar. Que esto se entienda como derecha o izquierda es irrelevante. Que se quiera ver como capitalismo de estado o como socialismo capitalista es improcedente, porque no se ajusta a esos términos dialécticos. Consiste en un poder oculto tras la figura de un líder, que gobierna contra las libertades, con fuerte carga mediática y siempre a continuación de hondas y prolongadas recesiones económicas.

Este hecho no es nuevo del siglo XX, sino algo recurrente en toda la historia de la humanidad. No en vano ya advertía Aistóteles en la Política que la democracia degenera en corrupción por la demagogia para terminar acabando en una tiranía. Algunas diferencias en este nuevo siglo XXI son las siguientes:

1. Hoy más que nunca el imaginario colectivo está gobernado por unos medios de comunicación dóciles al poder (órganos de propaganda), aunque bajo la apriencia de información escrupulosomente imparcial ad extra, o fiel hacia el lector politizado ad intra.

2. Tras varios decenios de lucha (especialmente antes del ‘crack del 29′), las corporaciones financieras han conseguido dominar a las corporaciones industriales y de bienes de equipo mediante el incentivo a la dispersión productiva por abaratamiento de costes. Pero fundamentalmente gracias a la destrucción del capital productivo mediante el control de la emisión monetaria cartelizado en bancos centrales supranacionales en algunos casos (como el BCE) y fuertemente organizados y jerarquizados (Banco Internacional de Pagos y acuerdos de Basilea) en torno a las políticas monetarias de la Reserva Federal americana.

3. Estas políticas financieras son en primera instancia de apariencia amable, pero ocultan un perverso control del tejido social, desde las políticas económicas hasta los últimos rincones del espectro educativo. No obstante, han conseguido arroparse bajo la apariencia no ya de un nacionalismo identitario donde el enemigo es cualquier extranjero, sino de un progresismo con base ecologista y geocentrista, cuyo principal enemigo a vencer es el mismo hombre entendido ahora como depredador y la sociedad como un virus corrosivo de la biodiversidad. Una ideología de carácter universal que aunque hace pie sobre las buenas intenciones de no pocas personas por cuidar un entorno natural realmente degradado, en última instancia supone un diseño y férreo control sobre la gestión económica y la natalidad. Resulta realmente sorprendente observar cómo coinciden los postulados que defiende el Sr. Rockefeller y los de los movimientos más radicales ecologistas, anti-sistema  y anti-globalización. Ya no es necesario sacar a la calle a las Camisas Pardas, la movilización social hoy se consigue mediante algarabía y alegre manifestación de banderas arcoiris y defensa de la naturaleza.

Por supuesto, en este último documental se identifica a la economía con la industria, pero no con la banca. Cuando es precisamente ésta última la que planifica y descoloca con sus expansiones monetarias teledirigidas el movimiento de mercancías y personas a escala planetaria. No obstante, el mensaje es claro: somos demasiados, la tierra está en peligro. Como veremos en otra entrega, sólo queda un pequeño paso para que se ponga en marcha la opción nuclear.

Por otro lado, el niño tiene que ser adoctrinado desde el comienzo sobre el problema, y así los gobiernos se esmeran en preparar materiales didácticos al respecto, juntando toda una serie de argumentos que destacan por sus falaces conclusiones:

Otros progresistas fueron más lúcidos y descubrieron quién era el Mago de Oz. Por eso entendieron que el problema no era el exceso de población, sino la gestión de los recursos alimentarios en manos de las corporaciones multinacionales y la banca. No es extraño que finalmente se lo cargaran, pues era una figura de gran proyección mediática.

4. Por otro lado, si el problema es el hambre y la falta de recursos por parte del estado, está claro que el mejor camino para resolverlo es la promoción de la familia como primer elemento de solidaridad social y la defensa de la propiedad privada. Pero paradójicamente destaca entre la juventud la ausencia de propiedades no fungibles y por otro lado nunca se había conseguido reducir y perseguir hasta los extremos actuales a la familia como célula de cohesión social, mediante leyes de apariencia libertaria y progresista como el divorcio, el aborto y la eutanasia. Amén de que en países como España no sólo se suprimen las figuras jurídicas de padre y madre por progenitores, sino que se permite además cualquier unión civil con independencia del sexo y al nuevo contrato establecido se le concede menor seguridad jurídica que a uno laboral por obra y servicio. Cualquier oposición a este fenómeno profundamente destructivo es satanizado por el gobierno y la progresía (¡si Marx levantara la cabeza!) y remedado por los de las banderas arcoiris antes mencionados, porque también albergan en su interior elementos de violencia disuasoria. Una nueva y remozada quinta columna que ya no viste atuendo militar y logotipo SS con brazalete y esvástica, sino rastas y camisetas roídas con la efigie del Che Guevara.

5. Finalmente, ya no quedan países que sustenten su moneda en otra cosa que no sea una figura fiduciaria de curso forzoso por imperativo legal. Un gran éxito que debe apuntarse sólo a la banca y que encuentra su máxima expresión en el endeudamiento del sector privado (empresarial y personal) hasta límites nunca vistos. El último movimiento está siendo levantar la deuda pública hacia un extremo en el que sea imposible de soportar para muchos países, que incurrirán en impago y pondrán en juego el precario equilibrio monetario resultante del “fallo sistémico” de agosto de 2007.

Con este panorama, para cualquiera que conozca un poco la historia europea posterior a la GMI y sepa construir los paralelismos adecuados, se le hará evidente que caminamos hacia un gobierno fascista una vez el sistema entre en default. Para ello se necesita una profunda crisis económica (que ya está en curso) que aumente el desempleo y el descontento popular hasta el extremo de hacer inviable el sistema político actual, pero viable y aclamado en consecuencia un gobierno carismático y arropado de cierto mesianismo. Es decir, un gobierno liberticida en manos de la última gran corporación (la financiera) y bajo la hégida del carisma de grandes personajes construídos hasta el último detalle por unos medios dóciles. Por supuesto, enarbolando la bandera del ecologismo progresista y llenando sus expresiones de exacerbado dolor por la situación económica y muecas fingidas por la pobreza de las muchedumbres, consolándolas con falsas promesas y animándolas a que o tengan más hijos como sacrificio máximo por el bien de la humanidad.

Para poder llegar a esa situación, la banca no sólo absorberá cuantos rescates con dinero público considere oportuno, sino que no volverá a conceder crédito ni a familias ni a pymes. Olvídese de ese cuento, que estamos en medio de un gran saqueo. Porque esto va a ser el último golpe que destruya un tejido productivo teledirigido y arrinconado en gran parte hacia la burbuja inmobiliaria, hasta que pueda caer como fruta madura en manos de esas minorías. Finalmente, el endeudamiento público (que adecuadamente está expulsando al privado del mercado de crédito: crowding out) ahogará en varios países las finanzas nacionales hasta el extremo de postrarlas de rodillas. En España, por ejemplo, es ese el papel de nuestro presidente aunque su escasa formación económica no le permita entender lo que está haciendo. En este sentido, es un sujeto bastante manejable para esos fines (junto con la clase sindical que le defiende), pues piensa que aumentar la deuda pública es el camino correcto para ayudar a los más desfavorecidos (prototipo del socialismo fabiano, tan del gusto de la banca expansiva de corte keynesiano).

El riesgo inducido y la recuperación económica

Pedro Shwartz aclara de forma conveniente que la traducción más adecuada para la expresión inglesa “moral hazard” no es azar moral o riesgo moral, sino riesgo inducido. Porque los errores de quienes han actuado de forma imprudente quedan cubiertos por el gobierno con fondos públicos procedentes de impuestos, induciendo de esta forma que el riesgo continúe asumiéndose.

Es sabido que una de las funciones de los bancos centrales consiste en ejercer de prestamista de última instancia. Lo que se pretende es evitar que la quiebra de un banco deje al sistema sin medios de pago. Y es que las monedas y billetes que llevamos en el bolsillo no conforman la mayor parte del dinero que empleamos los particulares y las empresas; ésta se encuentra en los depósitos que los bancos comerciales custodian para nuestro uso. Así las cosas, una cadena de suspensiones de pagos en la banca comercial supondría un durísimo golpe a la liquidez del sistema monetario de un país, y quizá del mundo entero; y seguramente daría lugar a un pánico general como el que tuvo lugar en 1929-30. Sin embargo, cuando un banco central se ve obligado a salvar una banca comercial o de inversión que ha invertido sus dineros de forma imprudente está fomentando un falso sentido de seguridad, con graves consecuencias para el futuro.

El rescate del sector financiero llevado a cabo por los gobiernos no está provocando recuperación económica alguna (es decir, recuperación del empleo), sino que la banca asuma nuevos riesgos innecesarios. El rebote de las bolsas y en buena medida de las materias primas es signo inequívoco de este nuevo camino emprendido. O dicho de otra forma, esta falsa recuperación económica es fruto de la colocación por parte de la banca del nuevo dinero en las bolsas y las commodities. Algo que va a provocar una subida generalizada de precios acentuada a finales de este año, a no ser que la crisis tenga escondida todavía una segunda pata más virulenta si cabe que la primera y un nuevo rebote del dólar como última moneda fiduciaria. En este sentido, el riesgo que se está induciendo es el de favorecer a una estructura parasitaria del capital y que en última instancia lo destruye.

La diferencia será esta última vez que ya no quedarán fondos públicos para acudir al rescate no ya sólo de la banca más débil, sino especialmente de los sectores productivos y creadores de empleo. Entonces el terreno quedará expedito para el surgimiento del nuevo fascismo antes expuesto ante la imposibilidad política de manejar una situación de gran inestabilidad social.

De hecho, el sector más perjudicado después de la GMII en la expansión del crédito ha sido la industria no relacionada con el gobierno. Aunque se observa claramente que fue uno de los sectores más favorecidos inmediatamente después del 29. Esa situación ya no se podrá volver a repetir.

Para acabar, un vídeo de John Pilger:

Joaquín Ferrer Benat.

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Responses

  1. La respuesta a esas cuestiones llegarán en entregas posteriores. De todos modos, adelanto que sobre el asunto de la población es imposible el consenso.

  2. Varias cosas que comentar, pero…no se como puedes negar el problema de la sobrepoblacion. http://www.youtube.com/watch?v=4BbkQiQyaYc

    basta con coger un avion y mirar el terreno para darse cuenta del problema

    Que Rockefeller y Ecologistas coincidan en un punto no hace que sus discursos iguales, no veo a Rockefeller viviendo asi:

    Que los recursos estan mal repartidos? sin duda, pero eso no quita que el somos muchos, y el creciemnto de la poblacion ineludiblemente parara, por las buenas o por las malas. Y pienso que, precisamente, valores anacronicos como la familia, tan arraigados en sociedades como la India, hara que sea por las malas.


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