Posteado por: physis | 11/01/2010

Los límites materiales del interés compuesto: Marion K. Hubbert y Antal E. Fekete (I)

A lo largo de la historia, algunas civilizaciones han gozado de un crecimiento más o menos extendido en el tiempo, para sufrir a continuación su posterior decadencia e incluso desintegración. Los dos grandes estudiosos de este fenómeno humano recurrente han sido Oswald Spengler y Arnold J. Toynbee. El segundo estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones frente a otra más lineal y determinista por parte del primero.

No obstante, ambos autores coinciden en subrrayar que durante la fase de crecimiento de toda civilización se produce una expansión hacia nuevas áreas que permiten dar salida a mayores recursos humanos e incorporar nuevos activos materiales mediante el dominio militar o el sometimiento tributario. Acercándonos hasta el s.XIX y sobre todo nuestro reciente s.XX, descubrimos que esas expansiones no son sólo hacia nuevas áreas vitales, sino especialmente por el control de mercados, rutas comerciales y hegemonía monetaria. Como caso paradigmático se encuentra el dólar de EEUU y su relación con el petróleo. Cuando los americanos llegaron a su máximo de producción petrolera sobre el 1970, dirigieron su política militar hacia otros países con recursos energéticos al mismo tiempo que suspendieron pagos al romper la convertibilidad de su moneda con el oro.

Una vez se ha generalizado el uso del crudo como denominador común para el desarrollo económico, la situación hegemónica americana está enfrentándose a crecientes dificultades porque no sólo debe competir cada vez con más países que buscan en el exterior tan preciado recurso, sino especialmente porque el privilegio de saldar la deuda con su propia moneda parece estar llegando a un punto de riesgo sistémico sobre el propio mercado de divisas. Y esto en una situación donde la próducción global de petróleo parece haber alcanzado su punto de máxima extensión (1). Con estas premisas, se puede concluir que si el cenit de producción americano coincidió en su día con un cambio radical en el papel del dólar como divisa internacional, la situación presente manifiesta un claro paralelismo por la inestabilidad financiera en la que estamos inmersos.

Este cambio estructural parece ir entrando paulatinamente en una fase crítica, donde de nuevo otra vez el dólar jugará un papel destacado como elemento desestabilizador, con la diferencia radical de que ya no queda activo de reserva del que los americanos puedan prescindir, salvo su misma moneda.

En cualquier caso, la inestabilidad parece garantizada. Pero esta situación nos recuerda una vez más planteamientos ya clásicos sobre la finitud del mundo físico y la aparente infinitud del mundo financiero, especialmente después de que una enorme liquidez nominada en varias divisas haya quedado gravitando en la estratosfera de los agregados monetarios y los bancos centrales, para único usufructo del soliviantado colectivo financiero. Mientras se espera con impaciencia dónde terminará colocado todo ese nuevo dinero, bueno es replantearse un aspecto que no por clásico carece de rabiosa actualidad: el interés compuesto.

Hubbert y Fekete son dos expertos que con diferentes aproximaciones llegan a conclusiones bastante parecidas. Demuestran que el principio económico del interés compuesto tiene un claro límite material, de forma que perseverar en la ignorancia de tan evidente premisa sólo puede provocar una creciente violencia contra el desarrollo económico y finalmente graves enfrentamientos entre las naciones. Hubbert aboga por un equilibrio social de planificación tecnocrática y una moneda ligada de alguna forma a la energía. Fekete por recuperar el clásico ‘jubileo’ de forma periódica y el equilibrio de los mercados volviendo al patrón oro y las letras de cambio. Como veremos en entregas posteriores, aunque ambos concluyen correctamente la raíz del problema, parten de premisas antitéticas. Mientras tanto, sería bueno que incorporaran estas ideas a su acervo personal para poder interpretar con mayor perspectiva el complejo momento que nos ha tocado vivir. Finalmente, juzguen por ustedes mismos.

Marion King Hubbert. Dos sistemas intelectuales: materia-energía y la cultura monetaria.

La presente civilización industrial mundial se encuentra obstaculizada por la coexistencia de dos sistemas intelectuales que se solapan y son incompatibles: la acumulación del conocimiento durante los últimos cuatro siglos sobre las propiedades y las interrelaciones entre la materia y la energía, y una cultura monetaria asociada que ha evolucionado desde unos patrones de comportamiento cuyos orígenes se remontan a la prehistoria.

El primero de estos dos sistemas ha sido el responsable de un crecimiento espectacular del sistema industrial (especialmente en los ultimos dos siglos), y es esencial para su continuación. El segundo es una herencia de un pasado precientífico y que opera con unas reglas propias que guardan escasa relación con los sistemas relacionados con la materia y la energía. No obstante, precisamente por esa falta de conexión, el sistema monetario termina ejerciendo un control general sobre el sistema materia-energía al quedar impuesto por encima.

A pesar de sus inherentes incopatibilidades, estos dos sistemas tienen una característica fundamental en común durante los dos últimos siglos: un crecimiento exponencial que por el momento ha mantenido una coexistencia razonablemente estable. Pero, por varias razones, es imposible para el sistema materia-energía mantener un crecimiento exponencial una vez se ha duplicado varias decenas. Y esta fase prácticamente ha llegado a su fin. Pero el sistema monetario no tiene esas limitaciones y, según sus reglas fundamentales, debe continuar creciendo debido al interés compuesto. Esta disparidad entre un sistema monetario que continúa creciendo exponencialmente y un sistema físico que es incapaz de hacerlo, termina provocando con el tiempo un incremento de la emisión monetaria por encima de la producción que es capaz de generar el sistema físico. Esto se termina manifestando en la economía mediante la inflación de los precios. Una alternativa monetaria que pudiera cuadrar con una tasa de crecimiento físico cero tendría que tener un tipo de interés al 0%. Cualquier otra solución terminaría provocando una gran inestabilidad financiera.

Con estas relaciones en mente, tendría que hacerse una profunda revisión de la evolución del sistema materia-energía que ha culminado en nuestra sociedad industrial. Algunas cuestiones sobre el futuro son las siguientes:

  1. ¿Cuáles son los límites y las posibilidades que impone el sistema materia-energía? ¿Está sostenida la sociedad humana cerca de sus condiciones óptimas?
  2. ¿Sería posible reformar el sistema monetario de forma que pudiera servir como un sistema de control que permitiera conseguir esos resultados?
  3. En caso contrario, ¿podría diseñarse un sistema de naturaleza no monetaria para contabilizar, controlar de forma apropiada y dirigir un sistema industrial avanzado?

Parece ser que ha llegado el momento de hacer un examen crítico de este problema. De ese análisis, si es que cabe la posibilidad de evitar una situación catastrófica, sería difícil que no emergiera lo que el historiador de la ciencia Thomas S. Khun denomina como una “gran revolución intelectual y científica”.

No obstante, nuestra ventana de oportunidad se está cerrando lentamente. Y tal vez sea imposible una solución que no sea catastrófica, a no ser que la demografía se termine estabilizando. Y esto quiere decir abandonar dos axiomas de nuestra cultura: el trabajo ético y la idea de que el crecimiento es el estado natural de la vida.

Tal vez se requiera una espiral de adversidad, de forma que las cosas se pongan peor antes de que mejore la situación. No obstante, lo más importante es que se tenga una idea clara de la situación en la que nos encontramos y la perspectiva del agotamiento del petróleo y el gas. Apreciando así correctamente dónde estamos y cuál es nuestra escala de tiempo. Que no es de siglos, sino de decenios.

Notas

(1) Entre la mucha información que se puede encontrar en Internet, destacaría el reciente articulo escrito por varios autores y publicado en Foreig Policy y titulado Petróleo, el largo adiós (I, II, III, IV y V)

Traducción y comentarios Joaquín Ferrer Benat.

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Responses

  1. Lo tengo agendado en mi particular pila FIFO desde que Fekete lo publicó. Pero mi tiempo disponible (igual que los recursos energéticos) es finito.

  2. Physis:

    Te pongo un link de Fekete:

    “There is no business like bond business”

    http://www.financialsense.com/editorials/fekete/2010/0209.html

    Podrías traducirlo y darle publicidad gracias

  3. aun si la humanidad encontrase una fuente ina-
    gotable y creciente de energia, tarde o temprano se veria confrontada con nuevos limites ecologicos
    que harian el crecimiento infinito imposible.

  4. Si se llega a controlar la fusión nuclear la limitación energética “desaparece”. Y teniendo energía la “materia” no es problema, pues se “fabrica” a partir de elementos simples.
    La inflación de precios… es un “juego sucio” distinto, artificial y relativo, entre las distintas fuerzas sociales “a ver quién se come más plusvalía del sistema materia-energía”


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