Posteado por: physis | 21/04/2010

¿Prosperará la reforma financiera en EEUU? (I)

Introducción

Gracias al excelente trabajo de Daniel Cañete y Pedro Prieto en Crisis Energética nos pudimos enterar unos cuantos a partir del 2004 qué era eso del cenit de producción de petróleo. Algunos avisamos ya desde entonces a empresarios afines para que tomaran medidas y se fueran desapalancando. Aunque la respuesta fue siempre escasa y desgraciadamente hoy el único consuelo que les queda a algunos es el lamento.

Uno de ellos me llamó a principios del 2008 para decirme que su entidad financiera le había presentado lo que denominaban como ‘seguro de cobertura’ por si subían los tipos de interés. Su deuda era considerable y la solución parecía atractiva. No obstante, le advertí que si un banquero le ofrecía cubrirse para una subida de tipos, eso quería decir evidentemente que iban a bajar.

Yo: Mira, después de lo que ha pasado este verano (por el del 2007) en el interbancario, lo suyo es que los tipos suban y mucho. Pero me temo que eso va a ser demasiado duro y van a hacer algo para evitarlo. Esta gente de la banca tiene información que ni tú ni yo conocemos. Y muy probablemente el de la sucursal tampoco, porque simplemente le habrán dicho que venda eso y punto. Por lo tanto, ellos saben que los tipos van a bajar y…
Él: Si, muy bien. Pero con los bancos hay que trabajar, no me jodas.
Yo: Tú lo has dicho, trabajar. Pero no perder dinero o hacer el primo.
Él: Pues entonces, ¿qué hago? ¿Tú qué aconsejas?
Yo: No lo sé, tío. No me pongas en estos aprietos.
Él: Te escaneo el documento y le echas un vistazo.
Yo: Vale. Dame tres días. Pero lo que te diga no me compromete. ¿Ok?
Él: Por supuesto.

Me llegó el documento y, sinceramente, eso no tenía ninguna pinta de ser un seguro. Así que tras darle algunas vueltas al asunto por Internet, descubrí que era un Swap. O más en concreto, una especie de contrato parecido a los Credit Default Swap (CDS), pero sólo sobre el interés variable y por la duración del crédito. Así que comencé a buscar su estatuto jurídico para ver realmente en qué condiciones aseguraba. Pero a más buscaba, más alucinaba.

Bajo un CDS el comprador de la protección (el que tiene la deuda) paga una comisión al vendedor (quien le ha concedido el crédito) para evitar que aumente su deuda si suben los tipos de interés, por ejemplo. Es decir, el titular de la deuda acuerda transferir el riesgo variable de su crédito relacionado con el tipo de interés.

Pero ¡ojo! La protección es recíproca (como un trueque o swap). De forma que si los tipos bajan, quien asume la carga de esa bajada es precisamente quien asumió la deuda. Por lo que no se beneficia.

Es decir, gracias a ese ‘seguro de cobertura’ se produce una inversión peculiar. El propietario de la deuda se beneficia cuando suben los tipos y la entidad financiera cuando bajan. Así que la pregunta pertinente es Qui Bono? [¿quién se beneficia?] O, dicho de otra forma, ¿por qué el banco amaga una situación contractual que le perjudica? Pues sencillamente porque le va a hacer una finta al empresario por el lado contrario, conociendo que los tipos van a bajar. Y lo que fingen como seguro para el empresario es realmente un seguro para ellos porque seguirán obteniendo beneficios aún con tipos en descenso.

Meses después nos enteramos de las medidas extraordinarias coordinadas por los gobiernos y bancos centrales para intervenir en los mercados de forma que el euribor terminara en mínimos históricos.

Y ahora la segunda parte. ¿Era ese contrato realmente un seguro? Los CDS no están regulados ni como seguro ni como futuro. Sólo son acuerdos privados entre las dos partes que lo firman. Así que legalmente no quedan bajo, por ejemplo, la ley 30/1995 de 8 de noviembre sobre los contratos de seguros privados. Además, como no es un seguro, el creador del CDS no debe provisionar un porcentaje de lo asegurado, como dicta la ley.

Expuse más o menos en estos términos el asunto a la persona que me pidió “consejo”, y le dije que ese “seguro” realmente a quien estaba “asegurando” era al banco y a sus propios beneficios en caso de bajada de tipos. Le aconsejé entonces que si quería firmarlo (no fuera cierto que el euribor terminara subiendo), añadiera un par de claúsulas gracias a las cuales la gentil “cobertura recíproca” saltara al exceder los 6.000 euros.

Han pasado ya unos dos años y me ha vuelto a llamar el mismo empresario diciendo que gracias a la firma de aquél documento, la semana pasada pudo refinanciar su deuda y seguir en el tajo. Pues el favor concedido al de la sucursal firmando aquel papelote, se lo ha pedido recíproco también. Es decir, el empresario ha terminado haciendo un swap de deuda, pero a su manera.

Ambos teníamos razón. Con los bancos hay que trabajar, pero nunca hasta el extremo de dejarse expoliar por ellos. Y, curiosamente, ese falso seguro terminó siendo un seguro de verdad para el empresario, pero no por los motivos especificados en el contrato.

Ah, por cierto. Le comenté finalmente que ahora era el momento de firmar ese tipo de “seguros” y recuperar los 6.000 euros que había perdido, porque el euribor sólo podía subir: “Claro que se lo he pedido. ¡Pero los jodidos me han dicho que ya no los hacen!”.

La nueva ley de Obama para regular los mercados financieros

Obama está intentando reeditar una ley tipo Glass-Steagall con tal de que no se repitan casos como el mencionado en el ejemplo anterior. Pero muy especialmente la crisis subprime y la opacidad de los mercados OTC. A pesar de que amplía las competencias de la Reserva Federal, está encontrando gran posición en la propia banca porque ataca el quicio sobre el que pivota toda la manipulación de los precios de las acciones y las materias primas.

Esto último se explicará en la segunda parte. Pero ¿permitirá la banca al gobierno limitar o destruir el cotarro que consiguieron montar con Clinton, Greenspan, Rubin y Summers? Hay desde luego mucho en juego. Por eso Obama ha elegido el Hall de la Cooper Union para hacer el discurso que se presenta a continuación y los CEO de los principales bancos no han querido acudir, mostrando un distanciamiento entre el presidente y las finanzas cuanto menos preocupante.

Discurso de Obama en la Cooper Union

Qué bien volver al Great Hall de la Cooper Union, donde generaciones de líderes y ciudadanos han venido para defender sus ideas y contrastar sus diferencias. Qué bien también volver al Bajo Manhattan, a pocas manzanas de Wall Street, el corazón de nuestro sector financiero.

Desdé la última vez que hablé aquí hace dos años, nuestro país ha tenido que pasar por una prueba terrible. Más de 8 millones de personas han perdido sus puestos de trabajo. Un sin fin de pequeños comercios han tenido que cerrar sus puertas. Se han perdido billones de dólares, forzando a que muchas de nuestras personas mayores deban posponer sus jubilaciones, muchos jóvenes retrasar sus ingresos en la universidad y muchos de nuestros emprendedores renunciar a su sueño de arrancar una empresa. Y como nación nos hemos visto forzados a tomar acciones sin precedente para rescatar al sistema económico y aún toda la economía.

Como resultado de las decisiones que hemos adoptado (algunas de ellas impopulares), hemos podido ver algunas señales esperanzadoras. Hace poco más de un año estábamos perdiendo un promedio de 750.000 puestos de trabajo cada mes. Hoy EEUU ya está creando puestos de trabajo. Hace un año la economía se estaba hundiendo con mucha velocidad. Pero hoy la economía ya está creciendo. De hecho, lo que hemos visto ha sido el más rápido retorno al crecimiento que se ha producido en las últimas décadas.

Pero aún nos queda trabajo por hacer. No podemos estar satisfechos hasta que este progreso no se note sólo en Wall Street, sino también en Main Street. No podremos decir que estamos ante una completa recuperación hasta que millones de nuestros vecinos que están buscando trabajo no lo encuentren y los salarios crezcan de forma significativa. Y aunque estamos buscando la forma de reactivar nuestra economía, es nuestra obligación reconstruirla aún más fuerte que antes. Esto quiere decir que debemos poner en orden algunos de los problemas que nos han llevado a esta agitación y devastación en primer lugar.

Uno de los principales contribuyentes a esta recesión ha sido una de las crisis financieras más duras que hemos sufrido en generaciones. Y esta crisis nació por una falta de responsabilidad (desde Wall Street a Washington) que hizo quebrar a varias de las firmas financieras más grandes del mundo y casi hunde a nuestra economía en una segunda Gran Depresión.

Fue sobre esta falta de responsabilidad que ya hablé cuando vine a New York hace dos años, antes de que se hubiera desarrollado lo peor de esta crisis. Y no me produce ninguna satisfacción haber comprobado que mis comentarios han sido confirmados por los sucesos que se han desarrollado a continuación. Pero repito que entonces lo dije porque es esencial que aprendamos las lecciones de esta crisis, de forma que no nos veamos condenados a repetirla. Y mejor es que no nos equivoquemos, pues esto es exactamente lo que terminará sucediendo si dejamos que pase esta oportunidad, algo que para mí es inaceptable, igual que para el pueblo americano.

Y dije hace dos años en este mismo escenario que yo soy de los que creen en el poder del libre mercado. Y creo también en un sector financiero fuerte que ayude a la gente a crear capital y a conseguir préstamos y donde puedan invertir sus ahorros. Pero un mercado libre nunca ha significado conseguir una licencia de impunidad para poder tomar libremente lo que cada uno quiera, aunque se tengan las posibilidades para ello. Esto es precisamente lo que ha sucedido con demasiada frecuencia en los años anteriores a que se desarrollara esta crisis. Algunos en Wall Street han olvidado que detrás de cada dólar comerciado o apalancado hay una familia intentando comprar una casa, pagando los estudios de sus hijos, abriendo un negocio o ahorrando para el día de su jubilación. Lo que sucede en Wall Street tiene consecuencias reales en todo el país.

También he comentado en otras ocasiones la necesidad de construir una nueva base para el crecimiento económico del s.XXI. Y dada la importancia del sector financiero, es absolutamente necesaria una reforma de Wall Street como parte de esta nueva base. Sin ello nuestra casa continuará asentada sobre arenas movedizas, dejando a nuestras familias, negocios e incluso a la economía global vulnerable a otras crisis. Es por esto que siento con tanta fuerza que necesitamos aprobar un conjunto de reglas actualizadas y de sentido común para asegurar la responsabilidad de Wall Street y para proteger a los consumidores y a nuestro sistema financiero.

Ya se ha pasado un plan completo a la Cámara Baja [House of Representatives]. Ya está siendo debatida una versión en el Senado, recogiendo tanto ideas de los republicanos como de los demócratas. Ambas legislaciones representan una mejora significativa a las leyes imperfectas que ahora tenemos funcionando, a pesar de los furiosos esfuerzos de los lobbies de la industria por recortarla en beneficios de sus propios intereses. Estoy seguro que muchos de estos lobbies trabajan para alguno de ustedes. Pero hoy estoy aquí porque quiero urgirles a que se unan a nuestro esfuerzo, en vez de luchar enconadamente en contra del gobierno. Y estoy aquí porque pienso que esas reformas son, al final, no sólo en beneficio de nuestro país, sino en el mejor interés de nuestro sector financiero. Y estoy aquí para explicar en qué va a consistir la reforma y por qué es importante.

[…]

Y aunque gran parte de este dinero ya ha sido devuelto, mi administración ha puesto unos honorarios que deben ser pagados por las grandes corporaciones financieras para recuperar lo que falta. El pueblo americano nunca debería haberse puesto en este situación en primer lugar.

Es por este motivo que necesitamos un sistema que cierre a las empresas que son insolventes con el menor daño colateral a la gente inocente y a los negocios particulares. Y yo he insistido desde el primer día que es la industria financiera y no los contribuyentes quien debe cargar con los costes asociados a la quiebra de cualquier gran empresa. El objetivo es conseguir que los contribuyentes nunca más queden atrapados por corporaciones “demasiado grantes para quebrar”.

[…]

En segundo lugar, la reforma debe aportar nueva transparencia a varios mercados financieros. Como ustedes ya saben, hemos llegado en parte a esta crisis porque empresas como AIG y otros han hecho apuestas arriesgadas (mediante derivados y otros instrumentos financieros complejos) de una forma que desafía a la responsabilidad y al sentido común. De hecho, muchas prácticas fueron tan opacas y complejas que pocas personas en esas compañías (dejando de lado a los que tenían la responsabilidad de supervisar) estaban completamente al corriente de los riesgos masivos en los que estaban incurriendo. Esto es lo que llevó a Warren Buffet a decir que los derivados que se estaban vendiendo y comprando con tan poca supervisión eran “armas de destrucción masiva”. Y es por este motivo que la legislación atará en corto esos excesos y nos ayudará a asegurarnos de que esos tipos de transacciones se producen a la luz del día.

Ha habido gran preocupación sobre estos cambios. Pero quiero repetirlo una vez más: hay un papel legítimo para estos instrumentos financieros en nuestra economía. Ayudan a disipar el riego y a diversificar las inversiones. Y hay muchas grandes compañías que usan estos instrumentos financieros con ese propósito, gestionando el riego en las fluctuaciones de las materias primas, las divisas y las bolsas. Un negocio debe protegerse contra los incrementos en los precios del petróleo, por ejemplo, asegurándose precios estables. Para esto es para lo que se supone que esos mercados deben funcionar. El problema es que esos mercados operan a la sombra de nuestra economía y que son invisibles para los reguladores y para el público. Las prácticas imprudentes crecieron desaforadamente. Los riesgos se fueron acumulando hasta que finalmente golpearon a todo nuestro sistema financiero.

Esto es por lo que estas reformas serán diseñadas para respetar las actividades legítimas, pero para prevenir los riesgos imprudentes. Y es por este motivo que nos queremos asegurar de que los productos financieros como los derivados estándar se comercien de forma abierta, delante de todos los empresarios, inversores y supervisores. Tengo el ánimo para que se vea a un demócrata y a un republicano trabajando conjuntamente en el asunto. Porque si no actuamos continuaremos viendo todas esas montañas de apuestas arriesgadas enormemente apalancadas trabajando en nuestro sistema financiero, poniendo en peligro la economía y a los propios contribuyentes. Y la única gente que debe tener miedo al escrutinio y la transparencia son todos aquellos cuya conducta quedaría en entredicho si eso se produjera.

Hemos visto batallones de lobbies de la industria financiera en el Capitolio y diferentes compañías gastando millones de dólares para influenciar en los resultados de este debate. Hemos escuchado argumentos varios que querían inducir a error y ataques diseñados no para mejorar la ley, sino para debilitarla o incluso acabar con ella. Y hemos visto un proceso dividido con el objetivo de retorcer los asuntos bajo el peso de esas fuerzas que querían debilitarlo. Y esto aunque se han generado unas propuestas que a todas luces son de sentido común, razonables y sin tendencias ideológicas, con el objetivo de atacar la raíz de los problemas que nos han llevado a la convulsión del sistema financiero.

Pero pienso que podemos y debemos dejar de lado a toda esta política de sentido único. Este es el motivo por el que hoy estoy aquí. Es probable que no siempre estaremos de acuerdo. Pero esto no significa que debamos elegir entre dos extremos. No tenemos que elegir entre mercados sin restricciones o incluso limitados por pequeñas protecciones y mercados obstaculizados por reglas onerosas que sean una carga para la iniciativa y la innovación. Esto es una falsa elección. Y no necesitamos mayor prueba que la que nos ha traído esta crisis.

Siempre ha existido alguna tensión entre los que desean que los mercados funcionen sin interferencias y los que defienden la absoluta necesidad de reglas para prevenir que los mercados salgan fuera de balance. Pero manejando esta tensión (algo que hemos estado atendiendo desde nuestra misma fundación), es lo que ha permitido a nuestro país mantenerse en pie frente a un mundo cambiante… El debate puede ser polémico e incluso estar caldeado. Pero al final tiene que servir para hacer más fuerte a nuestro país. Nos tiene que permitir adaptarnos y crecer.

[…]

Al final nuestro sistema sólo puede funcionar (nuestros mercados sólo pueden ser libres) cuando se dan las garantías básicas que nos previenen de los abusos, que vigilan los excesos y aseguran que es más provechoso jugar mediante unas reglas que jugar con el sistema. Y esto es para lo que se han diseñado estas reformas, ni más ni menos. Porque esta es la reforma que nos va a permitir garantizar que nuestra economía funcione para los consumidores, para los inversores, para las instituciones financieras y, en definitiva, para todos nosotros.

Esta es la lección más importante. Y no sólo para esta crisis, sino para nuestra propia historia. Esto mismo es lo que dije aquí mismo hace ya dos años. Últimamente ha desaparecido la línea divisoria entre Main Street y Wall Street. Nos levantaremos o caeremos juntos como nación. Así que les urjo a añadirse conmigo y con todos los que están intentando que se aprueben estas reformas de sentido común. Y les animo a hacerlo no sólo por el interés de su industria, sino porque es en el interés de nuestro país.

Muchas gracias. Que Dios les bendiga y bendiga también a América.

Presidente Obama, vigile sus espaldas

Comentarios y traducción Joaquín Ferrer Benat

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Responses

  1. No lo veo. Primero se justifica el rescate bancario, cuando ha sido algo absolutamente infame. Después se da la crisis por finalizada, cuando ésta acaba de empezar. Y luego se añade que la banca ha devuelto las ayudas, totalmente falso, cuando se ha creado una montaña de dinero que, en algún momento desatará la inflación (ya empieza a haber síntomas) y, con ella, a los siete jinetes del Apocalipsis.
    Creo que se trata de un bonito lavado de imagen. Nada más.
    Salu2.


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