Posteado por: physis | 09/06/2010

El futuro económico pasa por la energía nuclear

La economía tardó tiempo en descubrir cómo la expansión artificial del crédito (no respaldada por ahorro voluntario) tiende a provocar inversiones a largo plazo de forma equivocada. Pues los precios relativos de los bienes y servicios más los tipos de interés quedan distorsionados por la aparición de nuevo dinero bancario que no procede del ahorro de los agentes económicos. Cuando el mercado descubre estas distorsiones reajusta los precios quebrando las inversiones equivocadas.

La burbuja inmobiliaria, la de las energías renovables y la de la deuda pública son tres claros ejemplos recientes de este hecho. Y aunque se seguirán construyendo viviendas, muchos proyectos energéticos permanecerán en marcha y seguirá existiendo deuda emitida por los gobiernos, en los tres casos tienen que producirse los ajustes necesarios que dejarán precisamente a flote las inversiones viables, aún con el sacrificio que eso supone para el propio sistema bancario que las ha alimentado.

No obstante, a pesar de conocerse este hecho económico tan devastador, son muchos los intereses que velan para que el beneficio que provoca en determinadas élites permanezca. Y esto va desde las pequeñas cajas de ahorro regionales que permiten financiar proyectos (viables o no) y partidos políticos, hasta los grandes bancos mundiales sea en EEUU, Europa, Japón o China.

En esta línea de distorsión permanente en la creación (y destrucción) de capital y privilegiar intereses particulares sobre el resto de la sociedad, cabe mencionar un hecho significativo por lo que supone para el final de esta época dorada de las finanzas posteriores a la GM-II.

El sustrato energético de la economía y su carácter no renovable

En el artículo Por qué se produjo la Revolución Industrial en Reino Unido Robert Allen explica el surgimiento de la clase media y el papel que jugó en ello la transición de la madera al carbón. Un combustible este último más barato y con mayor poder calorífico que permitió el rápido desarrollo de la industria manufacturera británica.

Pero a diferencia de la madera, el carbón es un combustible fósil no renovable. Por eso en 1865 W. S. Jevons escribió el libro The Coal Question, en el que analizaba la dependencia del carbón de la economía inglesa y su sostenibilidad en el tiempo. La conclusión a la que llegó es que la supremacía británica internacional sólo podía ser transitoria, porque dependía de lo que durara el carbón. A partir de ese momento comienza a hilvanar corolarios acerca de los límites del crecimiento, la sobrepoblación, la tasa de retorno energético y las posibilidades de encontrar otras alternativas energéticas renovables.

El Reino Unido ya no es la primera potencia del mundo, pero no porque el carbón se haya agotado. Lo que Jevons no pudo anticipar era la aparición del petróleo como nueva fuente energética y el efecto exponencial que iba a tener sobre la economía por la movilidad y sobre la agricultura por los fertilizantes. Además del papel central que ha supuesto para la hegemonía americana.

Pero ahora nos encontramos en una situación semejante a la que analizaba Jevons, aunque con el petróleo. Y se añade además una dificultad importante, porque hoy en día somos más dependientes del petróleo que antes del carbón. ¿Qué sucederá entonces si este combustible se agota?

Gracias a los trabajos de M. K. Hubbert hemos podido saber que el problema realmente no se encuentra en el tramo final del agotamiento del recurso no renovable, sino en el cenit o peak, que es el momento a partir del cual la oferta ya no puede satisfacer a la demanda. Por eso el precio comienza a disparase y deja de ser un recurso barato. De hecho esto es lo que se observa a partir de 2005.

En efecto. Es muy importante advertir que entre 1985 y 2004 el precio del petróleo había oscilado sobre los 20$/barril y después del 11-S sobre los 30$/barril, al mismo tiempo que la masa monetaria mundial había pasado de 10 a 40 billones de dólares (crecimiento del 400%). Luego si el crudo se encarece a partir del 2005, necesariamente debe buscarse una explicación añadida a la inflación monetaria pues no afectó antes al precio. Y esa  explicación es que el máximo de producción mundial de crudo se produjo sobre el 2006, evolucionando desde los 40$/barril hasta los 147$/barril al mismo tiempo que la masa monetaria crecía sólo 20 billones de dólares (de los 40 billones hasta los 60, un crecimiento del 50%).

El dinero basado en la deuda se vuelve insostenible

La última causa de la crisis económica se encuentra precisamente en este peak oil. Y como parece no tener solución, se oculta una y otra vez a la opinión pública no sea que la gente huya despavorida no sabemos hacia dónde. O en todo caso se menciona de forma eufemística cuando se dice que “se deben reducir las emisiones contaminantes”. Con lo que voy a explicar a continuación se entenderá fácilmente la relación entre la crisis y el cenit de producción de petróleo.

Como ya se ha explicado al comienzo del artículo y se acaba de visualizar en la gráfica de los agregados monetarios mundiales, la economía sufre de forma permanente una expansión artificial del crédito sin base en un ahorro previo. Pero este crédito tiene que devolverse con intereses. Algo que sólo puede conseguirse si al mismo tiempo que crece la masa monetaria lo hace también la economía.

Porque en caso contrario, si la masa monetaria crece pero no le sigue la economía, entonces comienzan a hacerse inviables los créditos y las entidades financieras terminan entrando en default. De hecho, en un contexto de crecimiento económico sostenido la crisis subprime habría sido mucho menos agresiva. Pero la banca tomó conciencia del problema energético durante el 2007 y en agosto se cerró el interbancario porque comprendieron que la crisis no iba a consistir sólo en un ciclo recesivo de dos o tres años, sino en algo más profundo y violento.

O visto también desde otro punto de vista, cuando crece la deuda (la masa monetaria) pero decrece la economía, entonces la utilidad marginal de la deuda pasa a ser negativa (ya de por sí decreciente por superar la expansión monetaria al PIB en varios órdenes de magnitud) y sólo pueden devolverse los créditos devorando el capital ya existente. De ahí que la expansión de la deuda pública en países como España sólo haya servido para conducirnos a la quiebra. O que muchos empresarios pierdan su patrimonio por mantener a flote sus negocios cuando las entidades financieras ya no pueden sostenerles las líneas de crédito abiertas. O que en última instancia se cuestione el papel del dólar como moneda de reserva por la incapacidad manifiesta de que EEUU pueda recilar en su economía esos dólares o garantizar el cumplimiento de su deuda sin monetizarla. Algo que por otro lado ya se observa con toda claridad en el backwardation del oro (LIBOR-GOFO negativo, donde GOFO = Gold Forward Offered Rates).

Aún más, como se observa también en los depósitos que los bancos comerciales mantienen con el BCE, estos aumentan, disminuyen y vuelven a aumentar porque las entidades financieras ya no consiguen descubrir quién es solvente en el interbancario y prefieren no prestar el dinero. Pero si esta situación se prolonga en el tiempo, entonces se puede dar por finiquitado el sistema monetario tal y como lo conocemos. Porque la banca con desclace de plazos (con sistema de reserva fraccionaria) necesita del interbancario (no del banco central) para resolver sus problemas de tesorería. Y aunque en teoría deberían ser sólo problemas puntuales, se están eternizando.

Pero ¿nadie ha podido prever está situación?

Como puede comprenderse fácilmente, esta nueva crisis económica no tiene nada que ver con las anteriores, ni con los ciclos habituales que nos suelen explicar, ni incluso en parte con el análisis austriaco del ciclo económico aunque sea el que mejor explica con diferencia la teoría del capital. Esta crisis es fundametalmente una crisis energética porque no aparece un sustituto que se solape con el petróleo en su agotamiento, como éste lo hizo en su día con el carbón (aunque todavía no se estaba agotando). Pero se debe advertir que si no ha surgido es sencillamente porque no ha podido ver la luz hasta hace relativamente poco tiempo y desgraciadamente va a llegar tarde. Me explico a continuación.

Atendiendo a las realidades del mercado, como el precio del petróleo se gestiona mediante el mercado de futuros en Londres y Nueva York y la producción en un principio por el cártel de la OPEP a pesar de las injerencias exteriores, no se puede aplicar sensu stricto la regla de Hotelling para la perdurabilidad del recurso. Así que la única gestión óptima es la que se observa en la curva de extracción pasado el tiempo, porque siempre se va a poner a disposición del mercado todo lo que demande y en consecuencia el agotamiento vendrá determinado simplemente por la Curva de Hubbert, establecida la producción máxima mundial que se puede acumular a lo largo del tiempo.

Esta curva de extracción demuestra que a partir del año 1975 ya se debería haber incentivado no sólo la eficiencia en el uso del petróleo (como así fue), sino la gestación de una fuente nueva de energía (distinta del gas natural y el carbón, evidentemente). La que primero entró fue la energía nuclear de fisión por la madurez de sus proyectos tecnológicos durante la GM-II (Hiroshima y Nagasaki). Pero a continuación se tendría que haber incorporado la energía nuclear de fusión unos 35-40 años después (2010-2015), aunque esto no se ha producido. ¿Por qué?

El desarrollo del Tokamak

El Tokamak es el prototipo de reactor de fusión que aparece en la imagen de cabecera del artículo (el famoso ITER) y su cometido es confinar un estado de plasma entre campos magnéticos, de ahí su forma toroidal. Representa el mayor reto tecnológico al que se ha enfrentado la humanidad y va a requerir del mejor talento humano disponible. Fue inventado en 1950 por los físicos soviéticos Igor Tamm (Premio Nobel de Física en 1958) y Andrei Sakharov (Premio Nobel de la Paz en 1975), inspirándose en una idea original de Oleg Lavrentyev.

La investigación experimental comenzó en 1956 en el instituto Kurchatov, llegando con la versión T-4 en 1968 a producir la primera reacción de fusión termonuclear cuasi-estacionaria. Anunciaron además haber alcanzado temperaturas electrónicas superiores a los 1.000 ev dentro del reactor. Una información que los científicos americanos y británicos no se creyeron hasta que pudieron comprobarla varios años más tarde.

Si observamos la cronología de desarrollo en los principales proyectos, se aprecian importantes lapsos de tiempo:

  1. TFR (1973)
  2. JET (1983)
  3. Tore Supra (1988)
  4. T-15 (1988)
  5. ITER (Construcción 2008, funcionamiento 2018)
  6. DEMO (Construcción 2024, funcionamiento 2033)

Es decir, lo que debería haberse desarrollado en un máximo de 40 años, va a terminar gestándose en 60 años mínimo. ¿Por qué?

Precisamente por las predicciones sobre la producción de petroleo mundial según la Agencia Internacional de la Energía, que representa a las principales compañías del sector. En efecto, las estimaciones sobre la producción de petróleo convencional eran las siguientes:

Y por lo que respecta a la producción de todos los líquidos, sirven las de CERA. Y según sus estimaciones se aprecia con claridad que la fusión nuclear no era necesaria hasta después de 2040. De ahí la cronología del desarrollo del ITER.

Pero nos encontramos con que el gap (brecha o desfase entre producción y consumo) tendría que comenzarse a rellenar a partir de 2015 mínimo. Aunque desgraciadamente eso no va a poder producirse.

Conclusión: el precio libre vacía el mercado y permite la asignación correcta de capital

El asunto no consiste entonces en intentar preservar la producción de petróleo el mayor tiempo posible mediante una planificación sobre el consumo, porque eso es sencillamente imposible además de una fuente de permanente corrupción e injusticia. Sino en haber dejado evolucionar la fusión nuclear para haberla tenido disponible en las fechas de desarrollo tecnológico habituales. Pero eso no ha sucedido así precisamente por una planificación errónea de los tiempos, sobre unas previsiones erróneas también del influyente sector del petróleo que deseaba vender hasta la última gota de hidrocarburo disponible siempre al mejor precio, y de una estructura de consumo a crédito dependiente hasta el último momento de un recurso finito. Ustedes ya saben que banca, gobierno y sector energético forman un trío bastante incestuoso. Por lo tanto y como suele decirse, ajo y agua.

Como el precio libre vacía el mercado, con respecto a un recurso finito en esa situación “perfecta” la demanda lo agota de forma eficiente. Y si los recursos económicos disponibles no hubieran quedado distorsionados por la expansión monetaria, el conjunto de inversiones necesarias y creación de nuevo capital tecnológico se habría desarrollado antes o como mínimo no se habría retrasado tanto. Porque es muy sospechoso que las fuertes señales que dieron a los mercados las crisis petroleras de los 70 y los 80 no hayan bastado para poner en marcha la sustitución. De ahí que el gravísimo error de planificación cometido va a suponer una transición crítica y dolorosa para la humanidad por la falta de solapamiento entre el petróleo y la fusión nuclear. Y esto no va a arreglarse con mas fisión nuclear (no se equivoquen al leer el título del artículo) porque ya no llega a tiempo, ni hay disponible uranio suficiente, ni simplemente es conveniente por la elevada radioactividad del residuo y la proliferación dado el contexto geopolítico futuro. Además, hemos llegado a un punto que es inevitable que aumenten las tensiones internacionales por los recursos fósiles disponibles y muy probablemente se produzca el colapso del sistema monetario tal y como ahora lo conocemos, por lo que se ha explicado más arriba.

Aún así cabe guardar un halo de esperanza porque la solución existe y está en marcha. Por eso en el futuro se transformará progresivamente el parque motorizado hacia el consumo eléctrico (desconozco si será mediante baterías o hidrógeno). Lo que a su vez generará nuevas oportunidades para crear capital y desarrollar la economía hacia cotas nunca imaginadas, en un entorno de energía barata, abundante y no contaminante.

Si además se viene abajo el sistema de monedas fuduciarias (con el cártel bancario que lo sustenta), podrá surgir a partir de ese momento otro nuevo que aprenda del dolor producido por los graves errores pasados, siempre y cuando la población reconozca dónde estaban los errores y sea capaz de organizarse para rectificarlos. En ese sentido, nos queda mucho camino por recorrer y un futuro brillante por vivir, al menos para nuestros hijos y nietos. Otra vez Jevons se equivoca. Va siendo hora de ponernos en marcha.

Nota: las dos gráficas con los quesitos son del artículo Where we are headed: Peak Oil and the financial crisis, Gail the Actuary, The Oil Drum. La del backwardation del oro es de MarketSkeptics.com.

Joaquín Ferrer Benat.

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Responses

  1. El problema es el trasporte y la alimentación.
    El futuro: Lo primero hacia la electricidad. Lo segundo hacia lo orgánico (Vandana Shiva).

  2. El carbón es 5 veces más barato que el petróleo para producir la misma cantidad de energía (medido en Dólares/kiloJulios). Hay reservas seguras para 150 años. En muchos países industrializados está incrementándose su uso a espaldas de la hipocresía y timo montado en torno a las emisiones de CO2. Mas que un problema energético, lo que hay es muchos intereses creados particulares, una gran especulación, una enorme manipulación geopolítica.
    Además, un “estúpido” e interesado despilfarro.

  3. El futuro económico pasa por un cambio de Paradigma, y con él la reforma del mercado energético y su consumo por parte de la sociedad.

    Un saludo, buen espacio.

    Polityzen.

  4. la solucion se encuentra en la Energía libre, que debe aparecer yaaaaaaa!!!!


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