Posteado por: physis | 05/07/2010

Antal Fekete: La Guerra del Opio de Krugman con China

Las Guerras del Opio del Reino Unido con China se producen en dos etapas: 1839-1842 y 1856-1860. Se deben a la balanza comercial inglesa deficitaria frente a China, que importaba mucho más de lo que exportaba a cambio de vaciar sus reservas de plata (base monetaria del momento) en favor de China, que a su vez sufría de un excedente de ingresos con difícil digestión para su economía. La solución que pusieron en práctica los ingleses fue vender opio en el mercado negro chino a cambio de plata, equilibrando así la cuenta corriente después de drogar a la población.

El Emperador Yongzheng prohibió la venta de esta sustancia por la velocidad con que crecía la dependencia entre sus súbditos (el opio es la base de la heroína). Esto molestó a los ingleses hasta el extremo de provocar dos guerras que derrotaron al ejército chino, lo que permitió la imposición de los Tratados Desiguales y la entrega de Hong Kong a la corona británica por el Tratado de Nankín.

Esta situación humillante derivó hacia la Rebelión de Taiping (1850-1864), la Rebelión Boxer (1899-1901) y finalmente la caída de la Dinastía Quing (1644-1911) por la Revolución de Xinhai, que dará lugar a la inestable República China hasta pasar a ser Popular en 1949 por Mao Tse-Tung después de la guerra civil que comienza en 1947. Mao prohibe y pena el consumo de opio e impone el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural comunista.

Fekete compara el dólar con el opio en su triple relación con el tipo de cambio, la guerra comercial y la adicción que supone la deuda americana para su propia economía.

Por otro lado, este artículo tiene fácil traslación al caso español ahora que tanto se habla de “devaluaciones internas” o salidas del pacto monetario europeo para volver a una nueva peseta devaluada (un 50% según ING). En este sentido completa muy bien el artículo de Fekete el comentario de Mauro Mazza a esta entrada de Facebook sobre el efecto J de Marshall-Lerner. Porque agotados los inventarios después de la devaluación, su reposición sólo se puede hacer trasladando las estructuras de producción más intensivas de capital hacia otras más intensivas en mano de obra, compensando las importaciones de inventario más caras con reducciones salariales equivalentes. Por otro lado, es evidente que si además de un desequilibro en la cuenta corriente existe otro en las cuentas financieras, la carga de la deuda aumenta con la devaluación y termina destrozando cualquier ventaja competitiva a no ser que se opere una quita de la deuda equivalente a la devaluación.

Si no se cumple la condición de Marshall-Lerner entonces vale el artículo de Fekete y el ejemplo más claro es la devaluación del Yen con respecto del dólar en 1/3 después de los acuerdos del hotel Plaza, que todavía agravaron más la balanza comercial entre ambos países a favor de Japón en razón de 2 a 1 [de -46.152 M$ en 1985 a -89.722 M$ en 2006] antes de desarrollarse la crisis.

A continuación el artículo.

La Guerra del Opio de Krugman con China

El artículo de Paul Krugman The Renminbi Runaround del 24 de junio en el New York Times no es sólo una insensatez diplomática, sino que adolece además de justificación económica. Los EEUU, con una deuda sin precedentes, no se encuentran en posición de dar lecciones a China y acusarle de comportarse mal y actuar de mala fe por hacer trampas, amenazando por estos motivos al país con sanciones comerciales. No es la casa de China la que debe ponerse en orden, sino la de los americanos.

Krugman asume que el régimen de tipos de cambio flexibles entre las monedas es la fundamentación por orden natural del comercio exterior. Pero no lo es. Es un mejunje a medio hacer inspirado originalmente por John Maynard Keynes y elevado a la altura de dogma por Milton Friedman. Éste régimen no fue elegido fruto de un acuerdo internacional, y cuando fue adoptado en 1971 resultó un completo desastre. No creció de forma natural ni fue el resultado de un cuidadoso estudio o de una planificación realizada por científicos competentes. Fue una medida provisional impuesta al resto del mundo de forma unilateral por la autoritas americana en un intento de tapar la propia desgracia que suponía para EEUU declararse en quiebra, provocando una salida fraudulenta para poder incumplir con sus obligacioes de pagar en oro los dólares que tenían los gobiernos extranjeros.

Friedman mantenía erróneamente que los tipos de cambios variables entre las divisas podían eliminar los déficit comerciales. Según él, cuando se aprecia la moneda del país con excedentes se desmotivan las exportaciones y se motivan las importaciones. Y recíprocamente, cuando la moneda de un país con déficit se deprecia se mantienen las exportaciones y se desmotivan las importaciones. Esto fuerza a los ajustes en el volumen de las importaciones y las exportaciones hasta que se restablece la balanza comercial.

El efecto equilibrador de los tipos de cambio de las divisas es, en el mejor de los casos, efímero. Consigue durar hasta que se agota el inventario de los elementos que van en las exportaciones del país que tiene déficit. Pero tan pronto como se agotan esos inventarios y tienen que ser repuestos de nuevo, la euforia termina en un abrupto final. Como consecuencia directa del menor valor de la moneda del país con déficit, los precios de los productos exportados se deterioran de nuevo al incrementarse sus precios, mientras que los del país con excedentes mejora. En particular, el país con déficit tiene la desventaja de tener que pagar más por todo debido a su devaluación monetaria, mientras que el país con excedentes comerciales tiene la ventaja de tener que pagar precios inferiores por los componentes importados que terminan siendo canalizados hacia sus respectivas exportaciones una vez transformados. Entonces es cuando la competitividad del país con déficit sufre un revés aún mayor. Y de esta forma, en vez de trabajar hacia el equilibrio, un régimen de cambio flotante entre las divisas lo único que hace es trabajar para perpetuar los desequilibrios comerciales. Aún más, para hacerlos progresivamente peores. Porque sólo consigue lanzar a los países con déficit hacia una viciosa espiral descendente de la que cada vez les resulta más difícil salir.

Es precisamente la historia quien nos enseña lo correctas que son estas observaciones teóricas. Hace 35 años (1985) era a Japón quien EEUU daba lecciones para que revalorizara su moneda. En aquel momento un dólar compraba más de 300 yenes. Durante las décadas siguientes que se intervino el tipo de cambio los verdes se fueron haciendo más débiles hasta el punto de comprar un dólar menos de 100 yenes. Es decir, el yen se apreció más de tres veces contra el dólar. Y ¿qué sucedió con el déficit comercial de EEUU con respecto de Japón? Es triste decirlo, pero en vez de acercarse al equilibrio ¡se deterioró el doble! Pues bien, ¿cuánto más tiene que devaluarse el dólar según el mecanismo de Friedman para que se engranen los equilibrios comerciales?

Krugman actúa de forma deshonesta cuando presiona a China para que siga el ejemplo de Japón revaluando el renminbi. En efecto, está pidiendo que China asuma una pérdida en sus reservas de moneda extranjera de varios cientos de miles de millones de renminbi. Recuerden que China lleva sus libros contables no en dólares, sino en renminbi. Por eso cada pérdida en el valor de un dólar con respecto del yuan genera una pérdida inmediata en el valor de las reservas en dólares de China justo en la misma proporción. O, desde otro punto de vista, Krugman está pidiendo que China garantice a EEUU una rebaja unilateral de su deuda. Pero la pregunta que surge es ¿sobre qué fundamentos puede un país con déficit crónicos y con una historia de impago en sus obligaciones internacionales pedir una reducción de su deuda?

Si China cede a las presiones americanas y deja que el renminbi se revalorice contra el dólar, entonces nos encontraríamos no sólo con un recorte inmediato de la deuda americana, sino con un compromiso para que China garantizara en un futuro nuevos recortes automáticos de las nuevas deudas que se pudieran contraer. Lo que invitaría a una imprudente acumulación aún mayor de deuda. Sería un insulto a la idea de que las naciones independientes comercian entre ellas por su beneficio mutuo, convirtiendo a China en un vasallo de EEUU. Un papel que por cierto los chinos nunca van a aceptar por propia dignidad. El respeto mutuo entre los países no puede descansar en presiones de este tipo.

Corresponde al deudor (y no sólo al acreedor) buscar las vías que permitan arreglar los desequilibrios que son de carácter crónico. Krugman se equivoca cuando abraza la falacia Keynesiana de que la responsabilidad para restaurar los equilibrios no descansa en los deudores, sino en los acreedores. Esto pone la lógica comercial de patas arriba y penaliza el trabajo duro y el ahorro, al mismo tiempo que premia la indolencia y el derroche excesivo.

Como es habitual, nunca ha pasado por la mente de Krugman que la posibilidad de fijar a nivel internacional el tipo de cambio es la solución más conveniente para los desgraciados desequilibrios americanos y aún del comercio mundial. Fue precisamente el régimen de tipos de cambios fijos lo que convirtió a EEUU en un gran país próspero, al mismo tiempo que fue la envidia del mundo entero durante siglos. El régimen de cambios flotantes ha despilfarrado la riqueza acumulada durante todo este tiempo y el buen nombre comercial, haciendo que EEUU pase de ser el principal acreedor del mundo a ser su mayor deudor en menos de una década.Y añadiendo sal a la herida, ha convertido al dólar en una moneda que se deprecia de forma crónica con el resultado de que el nivel de vida americano está hundiéndose al mismo tiempo que aquél. Este derrumbe de la moneda americana ha expuesto a EEUU a una humillación sin límite al perder de forma acelerada el respaldo que otras naciones le tuvieron en su momento.

Con independencia de cómo se terminen resolviendo las disputas con China, continuar confiando en un régimen de divisas flotantes nos dirige hacia la catástrofe. El mundo terminará sucumbiendo a una guerra comercial y a una depresión aún mayor que la de los años 30. Precisamente por faltar un mecanismo válido para equilibrar las relaciones comerciales internacionales y permitir que se acumulen los déficit sin límite. Y a la vista de esas guerras comerciales que aparecen en el horizonte, la agresiva amenaza de Krugman de imponer sanciones a China en la cumbre del G20 en Toronto es, como mínimo, irresponsable.

El régimen de cambios flotantes es el opio del comercio mundial. Krugman quiere que el gobierno americano declare una nueva Guerra del Opio a China forzándole a tomar esta droga debilitante. Si tiene éxito, esta segunda vez no será China quien quede en el lado de los perdedores.

Artículo original: Krugman’s Opium War On China.

Coda: King Crimson, Prelude: song of the gulls

Comentarios y traducción Joaquín Ferrer Benat.

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    Responses

    1. Las posiciones liberales de tipos de cambio fijos entre las monedas siguen la doctrina de Mises, a mi entender completamente superada y producto de su tiempo.
      Estos liberales que predican el libre comercio se niegan a admitir la fijación libre de precios entre las monedas.
      ¿Que no funcionan las ideas de Friedman sobre la libre flotación de las monedas? ¿De donde sacan eso? Estamos viendo todos los días que sí.

      “Fijar un tipo internacional de tipo de cambio” ¿Y quien fija eso? ¿Y en función de qué? ¿No es mejor que el mercado lo fije libremente? Pues evidentemente, sí.

      La corriente liberal española, con Soto a la cabeza, se empecina en seguir las tesis de Hayek para encorsetar las monedas y el crédito todo lo posible, pero no se dan cuenta que están volviendo a ideas ya probadas y desechadas por erróneas. El patrón oro fue un fracaso porque los Bancos Centrales siguieron emitiendo Deuda Pública para financiar la guerra.

      Por otro lado y como muestra de la eficacia de la doctrina de Friedman: Es evidente que China está jugando con los tipos de cambio, pero lo está haciendo a base de crear más moneda, lo que está provocando una burbuja en el mercado inmobiliario… Interior y exterior son las dos caras de la misma moneda.

    2. Tienes razón. Corregido.

    3. Perdón, Macao pertenecía a Portugal desde hacía muchísimo antes del Tratado de Nankin.
      Gracias

    4. En definitiva más “quantitative easing” sea lo que sea esos dos palabros.

      más imprenta?
      quita de deuda via fortalecimiento del yuan?
      manipulación directa del mercado?

      quien sabe.

      La cuestión que yo tengo es, este movimiento de China, aceptando perder todo ese dinero aunque tiene otros beneficios (mejora mercado doméstico, reducción inflación, etc)…..

      ¿es un signo de lo mal que está la cosa?

      ¿o es un signo de la mejoría económica?

      al fin y al cabo el yuan se revaluó durante la expansión 2003-2007 para estar fijado durante la recesión.

    5. Entiendo que la postura de EE.UU es incoherente. No puedes pedir que China compre tu deuda y, al mismo tiempo, revalorice su moneda, sabiendo que esto perjudica su balanza comercial y, por tanto, su ahorro.
      Cuando los americanos desmantelaron su sector manufactuero y se llevaron la producción a Asia ya sabían lo que les esperaba.
      Supongo que en el fondo EE.UU no quiere que China utilice sus dólares para comprar compañías y campos petrolíferos.
      Se pensaban que los chinos iban a ser unos niños buenos, como los sauditas.
      Salu2.


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